CORRUPCION (1)

Iniciamos esta semana en Venezuela un nuevo año escolar. 2017, es uno de los años más terribles para nuestra nación. La tragedia económica, la tragedia política, es una constante que se repite.

Muchos aseguran que la base de nuestros problemas está en la educación.

Aprender es un proceso constante. El ser humano vive aprendiendo, captando y dándole uso a lo que recibe y expulsando lo que no le sirve. A pesar de todo lo que se ha invertido en nuestra infraestructura educativa, pareciera que estamos estancados.

Además del calvario que significa estudiar en Venezuela, mucho peor en una institución pública, confrontamos otras realidades. ¿Para qué estudiar en un país donde “bachaquear” genera más rentabilidad? ¿Para qué estudiar si “taxiando” o vendiendo “perros” en cualquier ciudad de Venezuela se gana más que un ingeniero? Cuidar vehículos deja más dinero que dar clases.

Ciertamente uno estudia más por desarrollar el espíritu que por ganar dinero. Muchos millonarios del planeta lo han logrado “aparentemente” sin estudiar. Por lo menos educación formal. Nosotros tenemos un problema filosóficamente hablando, mucho mayor. Debe existir una relación de causalidad entre la formación y el logro del éxito, de lo contrario iremos al caos total en corto plazo.

La experiencia complementa con creces la formación. En ocasiones vivimos gracias a algo que aprendimos y no gracias a lo que estudiamos.

El problema de Venezuela es que a lo largo de estos dieciocho años, dizque “revolucionarios” y los cuarenta de supuesta democracia, muchísimas fortunas se hicieron gracias a la formación, a la educación pero en el arte de la corrupción. No es verdad que la corrupción es un problema “chavista”, sería conformista y torpe el pensar así. Quizá en este momento gracias a las nuevas tecnologías de la información, nos enteramos más, de lo que antes solo llegaba ocasionalmente a la radio, a un medio impreso y una que otra vez a la TV. No se trata de establecer estadísticas. Ese no es el punto.

Los casos de corrupción de los que gobiernan, sean del chavismo o de la oposición, están a la orden del día. Naturalmente más de los primeros que de los segundo, evidentemente porque tienen más “poder”, más “gobierno”, más estructuras donde “meter la mano”.

De la institucionalidad del dicho sobre los adecos “Ellos roban pero dejan robar”, pasamos a contemplar las fortunas “boliburguesas” con la expresión: “Ese es el socialismo que a mí me gusta”, “Hecho en Robolución”.

Hoy es un dogma de estupidez, tener un cargo público y no hacer uso de los bienes y servicios en nuestro beneficio. Es un problema casi genético el de los venezolanos y lo estamos exportando, en cosas simples y complejas, hacia el exterior.

Basta observar el nivel de vida de nuestros políticos. La mayoría teóricamente solo ha sido político, sin embargo, lo que ostentan da para pensar otras cosas.

Y es que solo los “ricos” pueden darse el lujo de “echarse palos” a diario en un restaurant en Caracas, o viajar como “pedro por su casa” a Aruba, Curacao, Estados Unidos, España, etcétera. Ese es el “modus operandi” de nuestros políticos. Algunos como yo o como usted, de repente, también, lo hace. En mi caso cuando me invitan, en el suyo posiblemente una vez a la cuaresma pero estos tipos no salen de un “18 años” mínimo. ¿Qué pasa? ¿Es este el futuro que nos espera?

Pues bien, no es el futuro, es el presente que tenemos.

NUEVO AÑO ESCOLAR NUEVA ESPERANZA

Por eso ahora que se inicia un nuevo año escolar, vuelvo a preguntarme, ¿De qué le hablan nuestros maestros a la juventud? ¿Pueden los jóvenes creer en esas clases y en los valores que se le inculcan? Prefiero pensar que sí.

El sistema obliga a escuelas y colegios a inculcar valores de integridad y armonía. Los currículos presionan por desarrollar en los chicos solidaridad, respeto, originalidad, transparencia, consecuencia, vocación de servicio. Nuestros estudiantes confrontan dos realidades. Educación y vida se niegan entre sí. Lastimosamente, la potencia de los ejemplos reales suele ser más eficaz que el discurso escolar, que va quedando estéril, casi en ridículo. Muchos maestros con la mejor voluntad intentan inculcar valores. La mayoría recurre al discurso moralista. Otros se ingenian por inventar casos, dilemas, problemas. Casi siempre con colores pasteles y final feliz. Casi siempre con el triunfo irreversible de los buenos, los justos. Sin embargo, no se pueden ocultar las contradicciones.

No hay moral para castigar al joven que se copia en un examen, cuando delincuentes de cuello blanco detentan el poder. Como exigirles compromiso de conducta, cuando otros nos sacrifican para enriquecerse.

LA CORRUPCION

La corrupción sigue siendo el cáncer que acaba con nuestra patria y le ha impedido tomar vuelo. Se roban los insumos médicos, los dineros públicos, negocian beneficios de empresas y pare usted de contar.

Estos niños ya saben por modelaje de los adultos, que todo está en venta y que todo tiene un precio.

Es necesario desmontar la cultura de la corrupción y eso no lo puede hacer la escuela. No con educadores mal pagados, mal tratados, en sitios inhóspitos, sin seguridad social. No a quienes llegan muchas veces a estudiar, arrastrando tragedias de sus familias.

Pocos políticos, por no decir ninguno, ha presentado un plan para atacar el mayor de nuestros males: la corrupción.

La esperanza es que sí se puede. Otros países en situaciones similares lo han logrado.

 

Sígueme en twitter, periscope e Instagram como @angelmonagas. Mi correo caigaquiencaiga@protonmail.com. Estoy de lunes a viernes a las 6am por Periscope y en radio por Mararitmo 900AM y LaB94.1 FM.