Imágen: Documental de la desnutrición infantil en Venezuela realizado por BBC News (foto referencial).

Como consecuencia del colapso de la producción nacional de alimentos (ha caído 78% desde 2012), del colapso de las importaciones (han bajado 83% desde 2012), de la hiperinflación (se acumula 3100% desde 2012) y de la sustitución de programas sociales de impacto real sobre la pobreza alimentaria por programas que permitieran un mayor control político de las masas pobres, como lo es el sustituir las Casas de la Alimentación por los CLAP’s, hoy en Venezuela el 78% de la población consume menos del 60% de las proteínas que requieren para una vida sana y el 63% consume menos del 60% de los carbohidratos básicos y necesarios, lo que les acerca aún más a fallecer por inanición.

Por un lado tenemos a la pobreza proteica, que abarcando a casi el 80% de la población, implica y explica el crecimiento del lapso de tiempo enfermo de la población a un promedio de 25 días al año, que explica el por qué se han multiplicado por 2 el número de fracturas óseas o multiplicado por 4 el número de fallecimientos por neumonía. La pobreza proteica es casi invisible a la vista, a no ser por el color pálido de la piel y la pérdida de brillo o el amarillamiento de los ojos, pues por lo general no afecta la contextura de las personas, pero silenciosamente los va inmunosuprimiento y debilitando orgánicamente. En términos concretos: una persona que padece pobreza proteica tiene 15 veces más posibilidades de enfermar y 9 veces más posibilidades de fallecer que una persona que no la padece.

 

Por otro lado la pobreza calórica, que implica que el cuerpo tendrá déficit de energía para desempeñarse, que sí es apreciable a simple vista porque implica el adelgazamiento hasta el extremo de quien la padece, está afectando al 63% de la población y en el caso del 20% más pobre está traducida en un consumo por debajo del 40% de las calorías mínimas, lo que les acerca al fallecimiento por desnutrición calórica tras la pérdida general de la masa muscular. En términos concretos: una persona que padece pobreza proteica es una persona en altísimo riesgo de muerte y su estado es plenamente apreciable simple vista, lamentablemente cada vez es más común ver personas en ese estado famélico.

Ahora bien, la crisis no es una fatalidad irremediable, hay medidas concretas de impacto rápido que pueden permitir revertir en el mediano plazo esta terrible situación, entre estas están:

  1. La distribución de galletas hiperproteicas de soya, con la fórmula de la FAO, que a un costo de 0,25 USD por unidad permiten satisfacer 1 / 3 de las necesidades proteicas y 20% de las calóricas de una persona adulta por día. Un programa de este tipo para atender al 40% más pobre le costaría a la república unos 3 millones de USD diarios o  90 millones mes, costo mensual que pueden cubrirse con un día de ingreso petrolero al precio promedio actual. Esta medida salvaría literalmente de la muerte a al menos 30 mil venezolanos en un año.
  2. La distribución de Lactovisoy en forma masiva, de manera de garantizar un vaso diario por habitante. El Lactovisoy tiene un valor nutricional 40% superior a la leche y contribuiría trascendentalmente a mejorar el estado nutricional de la población. Un programa de este tipo no le costaría al Estado más de 100 millones de USD al mes.
  3. Garantizar un consumo de 50 gr diarios de sardina por habitante, lo cual implicaría un esfuerzo logístico importante pero definitivamente blindará a la población en términos nutricionales
  4. Garantizar 2 huevos diarios por habitante, lo cual podríamos lograr en unos 4 meses si se garantiza ingresen al país 90 mil toneladas de maíz amarillo y 30 mil de soya, además de hacer énfasis en la siembra masiva de estos dos rubros. Dos huevos por día garantizarían el 26% de las proteínas diarias por persona.

Pero hemos de asumir con claridad meridiana que estas y otras medidas de emergencia pasan indefectiblemente por: a) que el Estado asuma la gravedad de la crisis y actúe en consecuencia, no hacerlo sería criminal; b) que se acuerde con la Oposición salir consensuadamente a concertar ayuda humanitaria internacional tanto para atender la emergencia como para reactivar la producción de alimentos; c) que se alcance un acuerdo nacional transversal que priorice la producción de alimentos… Si esto no sucede pronto, a más tardar en febrero estaremos entrando en una situación clásica de hambruna, ojalá nuestras élites salgan de su fantasía y le pongan el pecho a la tragedia del pueblo.

 

Soc. Edison Arciniega