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Ahí estaba el hombre con su voz de mando y uno que otro chistecito pa romper el hielo. Mientras habla y arenga va mezclando videos del líder, del orador, del cautivador, el de la voz firme y segura, el de Sabaneta. Inconfundible su tono y sus pausas. Se mimetiza.

El espacio es una mezcla de escuelita, cuartel militar y templo religioso. Una reafirmación del clásico modelo comunicacional: emisor, mensaje y receptor. Solo él habla. Solo él da las directrices. Solo él echa el chiste.

Entonces, el auditorio aplaude, arenga o sencillamente se ríe de acuerdo a la ocasión. Sobre la mesa del emisor el elemento fundamental, inconfundible y vistoso: el MAZO. Una especie de bate de beisbol pero más grueso en uno de sus lados. Con unas protuberancias que sobresalen. Desconozco si es de madera, de plástico o de goma espuma, pero al final cumple su objetivo. Aterrorizar. Meter miedo. Pareciera que tuviera voz propia cuando el emisor lo toma por su lado más delgado. “Cuidaito te pasáis de la raya porque ya vais  a ver”.

Afortunadamente, en la transmisión desde Maracaibo no lo tomó, al menos hasta que el sueño me venció en el momento cuando le dedicó un espacio a una opositora que forma parte de su co-producción.

Al lado de la mesa hay una cartelera que contiene la agenda. El contenido. El mensaje. Como mi recordada maestra Miriam de tercer grado, el emisor va leyendo y explicando cartelito por cartelito. Subraya, reafirma, sube o baja el tono. Es irónico. Y una vez más un “videíto” del Comandante que, desde el más allá respalda sus afirmaciones.

Toca el turno de santiguar al nuevo jefe del partido. Solo en ese momento otra persona asume de emisor. Solo un momento. Después de sus palabras desde el “altar central” se aprueba formalmente la nueva investidura.

Del anterior jefe nadie habla. Solo hay recuerdos. De hecho, no está en el Centro de Arte de Maracaibo Lía Bermúdez. Ni ningún funcionario de su gabinete. Ni siquiera porque formó parte de aquel mítico grupo de militares que hoy están en el “olimpo rojo” desde el recordado 4 de febrero. Nada de eso es suficiente. Hoy el otro Comandante, es pasado. Y eso es comprobable.

Así como mi maestra Miriam, el emisor pasa una lista. Los nombra uno por uno. En el auditorio hay dos grupos. Del lado derecho de la pantalla del televisor, los que en su mayoría lucen sus camisas y vestidos rojos y del lado izquierdo ataviados con prendas de vestir verde oliva. Cuando escuchan sus nombres, se levantan: puño en alto y su respectiva arenga. Allí y ahora todos son militares. Como decía mi abuela, allá arriba hay un DIOS, todopoderoso que todo lo ve y todo lo puede, aquí en Venezuela hay otro.

@rogeliosuarez