Supongamos que podamos volver al pasado, cosa que es posible, puesto que Maduro acaba de hacer algo más difícil: viajo al futuro regreso y dijo que todo estaba bien por allá. No nos dijo si todavía él era presidente o era otro, pero en fin eso no importa. Pero, supongamos que hoy es 3 de febrero de 1992, digamos, solo por decir algo, que son las 9 de la noche y algunos están viendo TV, otros están cenando, algunos están en el cine, otros ya vienen de visitar a la novia maldiciendo a la suegra que no se ha apartado ni un segundo del porche de la casa (en el 92 las suegras ya eran terribles). Esa noche, Hugo Chávez es un completo desconocido, nadie había escuchado su nombre, salvo en su casa y en algunas instalaciones cuartelarías.
Digo algo mas, ni siquiera el 4 de febrero, el día del golpe de Estado que lo tuvo a él por jefe, antes de la 10 a.m la gente había escuchado su nombre. Solo unas pocas horas después, luego de su rendición, apareció en las pantallas de la televisión aquel hombre flaco, de enormes orejas, con el labio inferior mucho más grueso que el superior y proyectado hacia su barbilla diciendo lo que entonces fueron unas palabras mágicas: “yo soy responsable” (palabras que por cierto han sido exorcizadas del vocabulario chavista desde que Chávez se instaló en Miraflores hasta el día de hoy nadie encuentra por ningún lado esa expresión que tanto beneficio le dio a Chávez en el carnaval del 92).
Han pasado 27 años desde entonces y 20 desde que el chavismo es poder con las consecuencias y los estropicios que ha producido durante su larga estadía en el gobierno y podemos hacer la siguiente analogía: el 4 de enero de este año, nadie o muy pocos venezolanos, fuera de su entorno natural habían escuchado el nombre de Juan Guaidó. Apenas era un rumor que un militante de Voluntad Popular le tocaba el turno de presidir la AN. Con Leopoldo López detenido e inhabilitado por el régimen y Guevara refugiado en la embajada chilena le tocó el turno al bateador prevenido, Juan Guaidó, una vez que los dos primeros habían sido puesto out por el régimen (disculpen la expresión beisbolera). El caso es que el 5 de enero se instaló en la presidencia de la AN Guaidó, otro hombre flaco, también un poco orejón, tal vez de oratoria menos estructurada, pero eso no importa, pues el carisma de Guaidó no proviene de sus encantos personales y sus dones de gran orador. El entusiasmo generado por la entrada en escena de Guaidó proviene de la reinterpretación de los anhelos y la construcción de esperanza de millones de venezolanos que aspiran salir de la dura situación generada por el madurismo y han construido este momento como el “momento constitutivo” de una nueva situación social, política, económica. En fin de un nuevo orden.
Así que el carisma de Guaidó es lo que podríamos llamar “un carisma situacional”. Es percibido como el hombre que en “este momento” ha podido enganchar de nuevo al venezolano a una esperanza. Le corresponde a él hacer la lectura adecuada del país que hoy tenemos, de los cambios experimentados en el carácter del venezolano y hacerse cargo de la demandas de orden que todos estamos exigiendo.
Al al final no importa cómo te llames sino como quieres que te llamen. Ese es el drama, por ejemplo, de Maduro que él se auto designa como “Presidente”, pero el 80 % de los ciudadanos lo están llamando “Usurpador”. Ojalá Guaidó y la gente coincida en llamarse y llamarlo simplemente el “líder de este momento”, y que el liderazgo entienda que reconstruir el país que nos han destruido es una tarea de la unidad.
@RojasyArenas

