El chavismo ha hecho que los venezolanos saquemos lo peor. Sobrevivir nos está llevando a ser depredadores, a olvidarnos de la solidaridad y de ayudar a los demás. Nos hemos vuelto intolerantes.

No son todos, pero los casos abundan, y desde hace un rato pareciera que disfrutamos con la desgracia de los demás. Si vemos a alguien riéndose o disfrutando de algo enseguida le decimos: «Estamos en crisis, cómo puedes hacer eso, no sabes que el país no está para ese tipo de cosas».

Lo mismo pasa entre los bandos opositores: no puedes criticar a Guaidó porque enseguida te llaman traidor, pero tampoco puedes decir que María Corina es tal o cual cosa porque salen sus defensores y te enjabonan. Si tratas de pasar agachado dirán que eres un colaboracionista.

Muchos policías aprovechan la situación para matraquear en dólares. Los casos se multiplican. Esta semana me conseguí con dos PNB en la entrada a la autopista Francisco Fajardo desde el distribuidor de Los Ruices. «¿Qué profesión tiene?», me preguntaron. Mi respuesta acompañó a una cara de extrañeza que seguramente los puso a dudar. «Periodista», les indiqué. «Continúe», me dijeron.

Tuve suerte, observarán. Otros no la han tenido y les han robado entre 10 y 100 dólares, «para los frescos», como decían antes. Unos muertos de hambre producto de la misma crisis, que pululan en muchos sitios, con disfraz de alcabalas o de seudooperativos, como los que están haciendo en el Metro de Caracas, sobre todo en las noches, y donde se aprovechan especialmente de los más jóvenes.

Pero los casos son miles y muy graves. Ya hay gente que dejó de acudir a las redes sociales aunque tenga alguna urgencia porque se expone a este malandraje que nació de la crisis y que se reafirma.

Esa muestra en lo pequeño es lo que nos hemos convertido como país. Los robos sistemáticos al erario público no son solo de chavistas, aunque hayan sido los más grandes y descarados. Conozco montón de gente acomodada y de buena posición que negoció y negocia a sobreprecio y que paga para saltarse los controles.

Si eso no cambia podrán pasar Guaidó, María Corina, Chávez, Maduro, nos invadirá Trump, tendremos elecciones y nada de eso servirá. Continuaremos entrampados, porque el problema es más profundo, es cultural, y ese parece que a pesar del desastre que vivimos todavía no lo hemos internalizado.