La Venezuela del siglo XXI no tendría el lugar en que su devenir histórico, la ha situado sin la presencia de José Antonio Pàez y nosotros tenemos la obligación de enseñar a las futuras generaciones y divulgar al pueblo su obra y ejecutorias para fortalecer los sentimientos de identidad nacional y asì encontrar en el espejo de la historia patria el reflejo de los valores supremos de la esencia y conciencia venezolanas.

Quienes amamos esta patria no nos equivocamos al considerar y exaltar el valor de la obra de Pàez y en este sentido, el esfuerzo de cada uno se confunde de tal manera con el de todos que no acertarìa nadie ya, desprender de la integridad de nuestro pasado, lo que fuè músculo, singular nervio, làgrima o sangre particulares, y lo que fué y sigue siendo augurio, vehemencia y aliento de todo un paìs en marcha.

No valen tanto los hombres y los Estados por lo que creen por el verdadero sendero de la República que soñaron Bolívar y Páez y detràs de la cual siempre estuvieron tras bastidores enemigos de Venezuela como Santander cuya codicia por nuestros territorios, la ambición de poder y las intenciones anexionistas lo llevaron a urdir el plan siniestro de enemistar a Bolívar y Páez.

Que hermoso hubiera sido que el Libertador cumpliera el propósito que expresó al Almirante Lino Clemente: Regresar a Venezuela para tratar de salvar a su propio país.

Cuántos infortunios no se hubieran prevenido si la sabiduría del padre de la Patria como magistrado y sostenida por el fuerte brazo del Centauro de los Llanos se hubieran fundido en una sola voluntad para constituir la República, esta República de Venezuela, la patria que los vió nacer, y eternizar asì con su obra la naciòn justa, honesta, instruida, libre de las oprobiosas satrapías que más tarde, y representan;ni siquiera en términos absolutos, por el disfrute de lo que tienen.

Valen esencialmente por lo que son. Porque en lo que son, manda el espíritu de la naciòn. Un paìs no se afirma en razón de una sola hazaña, con la euforia de un solo triunfo y a merced de una sola y brusa expresión de voluntad.

Pero es menester tener presente que en Venezuela todas las batallas fueron libradas por nuestro Páez en pos de la libertad.

Un pueblo sin héroes es una muchedumbre sin voz. Entonces, cómo imaginar a Venezuela sin Páez, héroe insigne que convocó y sirvió a su pueblo. La Patria es continuidad y todos somos obreros de su grandeza.

De la lección de Páez recibimos fuerza para el presente y razòn de esperanza para el futuro. Páez, reflexionar tu obra remueve a ese ser humano singular (tú) que encarnas el paradigma supremo, la aspiración vital FUNDIR EL PENSAMIENTO CON LA ACCIÓN.
Carmen Esperanza Iribarren