Es una situación que se ha vuelto común. Uno de cada cuatro migrantes se despide de algún hijo, según cálculos de la ONG Cecodap, hasta 2018.

“Unos 846.000 niños podrían encontrarse en estas condiciones”, dice a la AFP su coordinador, Abel Saraiba, advirtiendo de que este año superarán el millón.

Es un éxodo que no para. Con 3,6 millones de venezolanos que han dejado atrás su país desde 2016, según la ONU, se han multiplicado los infantes que crecen en hogares sustitutos, con los abuelos como principales cuidadores.

Frankeiber anhela que sea diciembre para abrazar a sus papás, ante la promesa del reencuentro. Como él, muchos hijos se quedan en Venezuela mientras sus padres se ven obligados por la crisis a emigrar para mantener a sus familias.

Los casos de estos menores le arrugan el corazón a cualquiera.