En todas partes del mundo se le dice “nuevo rico” a la gente que ha conseguido dinero rápido y, a veces, de forma dudosa.
Los viejos ricos –old money como le dicen los gringos– son las viejas familias aristocráticas que no solo se han “ganado” la riqueza desde hace mucho, sino que tienen la educación y la respetabilidad que no tienen los nuevos ricos.
Pero no hay nuevos ricos como los de Venezuela: enriquecidos a la sombra del chanchullo y la corruptela, importando, recibiendo contratos de los amigos y cobrando comisiones, o enchufandose en el partido de turno.
Entonces: ¿Quiénes son los viejos ricos en este que es ahora el país del nuevorriquismo?…
¿Existen los viejos ricos y el viejo dinero o solamente hay distintas generaciones de nuevos ricos?
Los antiguos viejos ricos: Los mantuanos eran también llamados “grandes cacaos”, debido a que ellos se enriquecieron con el cultivo y comercialización del cacao. También se les daba el nombre de blancos criollos. Sin embargo, es de destacar que el nombre de blanco criollo solamente indica que una persona había nacido en América y era descendiente de españoles, mientras que la palabra mantuano hace referencia a los miembros de la élite, de la alta Sociedad.
El viejo dinero o las antiguas fortunas en Venezuela serían aquellas amasadas antes de 1908 el año –afortunado o aciago, según se lo mire– en que se descubrió el petróleo en Venezuela.
Eso incluye a los que se hicieron ricos desde la colonia y a los que se hicieron luego de la Independencia.
Pero ¿de qué forma se hicieron esas fortunas? ¿Quiénes las hicieron?
Como es sabido, más que del comercio o la artesanía, se hicieron ricos de arrebatarle la tierra a los indios y de explotar mano de obra esclava… Así nacieron los mantuanos, los “Amos del Valle”: los Blanco, los Palacios (de donde provino Don Juan Manuel de Blanco y Palacios, Conde de la Ensenada), los Bolívar (Juan Vicente Bolívar, padre del Libertador), los Herrera y Rada (Martín Eugenio Herrera y Rada, Caballero de la Orden de Carlos, los Berroterán (Miguel Berroterán, del Valle), los Mijares (Francisco Felipe Mijares de Solórzano, Marqués de Mijares), los Toro (Francisco Rodríguez del Toro, Marqués del Toro), los Tovar (Martín Tovar y Blanco, Conde de Tovar); los Jerónimo de Ustáriz y Tovar, (Marqués de Ustáriz), los De la Madriz (Capitán Rodríguez de la Madriz, Caballero de la Orden de Cristo en 1693), los Ribas (de Marcos Ribas y Betancourt , padre de José Félix Ribas); los Lovera, los Plaza; los Vegas y Mendoza; los Machado Zuloaga, (Andrés Machado, mulato fino esposo de la nieta del Marqués dela Ensenada); los Aristeguieta; los Ponte; los Ibarra; los Ascanio y los Miranda (de Sebastián de Miranda Ravelo, Padre de Sebastián Francisco de Miranda, prócer de la Independencia de Venezuela), también existieron otras familias de menor abolengo.
Como muchos otros que llegaron a América, eran gente oscura que ganó su fortuna gracias a la guerra o la habilidad política.
Si en los siglos posteriores la riqueza la darían los contratos estatales, allá en el siglo XVII la fortuna venía de haberse asegurado unas tierras en los valles fértiles de Caracas, Aragua y Miranda.
Luego bastaba conseguir capataces hábiles y poner a trabajar a esclavos y peones.
Luego de la guerra independentistas llegaron Los modernos viejos ricos: “Los caudillos”.
La verdad es que a la aristocracia terrateniente, le fue tan bien aquí como en otros países.
Si bien en Centroamérica o Colombia ciertos apellidos pueden ser rastreados hasta la colonia en Venezuela eso es poco común: solo unos pocos nombres de la vieja oligarquía persiste como los Mendoza y los Zuluaga.
De los demás, la mayoría fue exterminada en dos guerras sangrientas que despoblaron al país: la de Independencia y la Federal.
De ahí salieron dos nuevas oligarquías: la conservadora y la liberal, formadas por gente que había sido buena en la guerra o en la política como los Páez, los Guzmán y los Monagas. Esos eran apellidos desconocidos en la colonia, llegó la época caudillezca.
Los modernos viejos ricos eran arribistas que llegaron al poder en medio de terribles guerras y se quedaron con la tierra luego de defraudar a los campesinos y llaneros que pelearon por la Independencia y la Federación.
Páez y los Monagas eran de los hombres más ricos del país en esa época.
Otros, como los Boulton y los Vollmer, eran extranjeros que hicieron su fortuna gracias al comercio en el periodo de las guerras civiles y se casaron con damas de la aristocracia local. Un caso particular fue Von Uslar, un veterano de la Guerra de Independencia que fue asimilado por la “aristocracia” valenciana.
Pero todos tenían algo en común: acumular inmensas fortunas en un país violento, famélico y terriblemente pobre.
A este viejo dinero le siguió otro nuevo: el de la gente que se hizo rica con el petróleo.
Los nuevos ricos: Tinoco, Cisneros y Cía.
Si antes la clave de la riqueza estaba en controlar la tierra o los negocios de las aduanas ahora la clave era tener acceso a los contratos del Estado.
Eso comenzó, por supuesto, con los Gómez. El “benemérito” Juan Vicente Gómez, –como Páez–, fue de los hombres más ricos de Venezuela.
Pero las fortunas más duraderas serían la de los hombres que inventaron el arte de lo que ahora llamamos “enchufarse” es decir, hacer contratos jugosos con el gobierno y beneficiarse del rentismo petrolero.
El paradigma de los antiguos nuevos ricos es la familia Tinoco, santos patrones del enchufe.
Pedro Rafael Tinoco Smith, fue abogado de la Standard Oil, ministro del Interior de Juan Vicente Gómez y segundo esposo de Josefina Revenga Sosa, la viuda del hijo de Gómez del que también había sido tesorero. Gracias a esos manejos hizo una enorme fortuna.
Su hijo, Pedrito Tinoco, como en una telenovela, fue arrebatado a su madre, una telegrafista de Maracay, de la que ni el hijo ni el padre quisieron volver a saber.
Pedrito trabajó en un bufete de abogados de la Standar Oil, se llevó bien con Pérez Jiménez y luego, caído el tirano, se hizo amigo de Carlos Andrés Pérez.
Junto a Pérez y su otro amigo, Gustavo Cisneros, se harían fantásticamente ricos durante el boom petrolero, no solo con los habituales contratos, sino moldeando todo el capital financiero venezolano junto al grupo de los “12 apóstoles” denunciado por Pedro Duno.
En uno de los actos de corrupción más grandes de nuestra historia Tinoco, accionista mayoritario de un banco, fue nombrado supervisor de los bancos y presidente del Banco Central de Venezuela.
El resto es historia: gracias a sus conexiones políticas Cisneros crearía la primera transnacional venezolana y Tinoco trataría de convertir al Banco Latino en el principal banco del país.
Convertido casi en una estafa piramidal el Latino no solo quebraría, sino que se llevaría con él a buena parte de las viejas fortunas y el dinero de millones de ahorristas.
Tinoco moriría, el latino quebraría y Carlos Andrés sería derrocado.
Solo Cisneros, el más joven de los tres, se iría de Venezuela tras usarla como capital inicial para crear su transnacional.
Y así llegamos a la nueva era: Los modernos nuevos ricos: boliburgueses y bolichicos
Aunque quisiéramos que la historia fuera distinta y la historia no se repitiera nuevamente, eso fue lo que pasó luego del boom petrolero de 2005.
Las historias de estos modernos nuevos ricos y de sus formas de enchufarse están por ser contadas.
La Historia no olvida y menos perdona.
Pero lo interesante es que, como en el pasado, los nuevos ricos y sus prácticas se reparten por todo el espectro político, con la diferencia que antes prevalecía la mesura.
Desde hace más de 10 años el chavismo de base denuncia a la “boliburguesia” surgida de entre funcionarios del gobierno y sus socios.
Pero también se ha denunciado, repetidamente, la existencia de un grupo de “bolichicos” que se habría beneficiado de contratos en áreas como la eléctrica.
Más, como en el pasado, cuando los ricos más recientes se casaban con los más antiguos, los bolichicos son chavistas, son funcionarios públicos, son hijitos de familias adineradas que supieron como enchufarse, de hecho, algunos les relacionan con Ramos Allup y su esposa, Diana D’Agostino.
Y así, hasta que nos animemos a interrumpirlo, sigue el ciclo de los nuevos y viejos ricos, que no son tan diferentes entre ellos como algunos quisieran creer.
Es la historia no solo de Venezuela, sino de casi toda Latinoamérica me atrevería a decir. Y efectivamente como bien aseveran los viejos Españoles, esto no es una cuestión de razas…
Aquí la gran masa ignorante, esa que va y vota en bandada por el candidato que les prometa más ayudas sociales (dádivas disfrazadas de bonos, los Clap etc.), aquel que les prometa venganzas, de los políticos y los ricos, el resentimiento puede más que la razón que la ciudadanía, ese resentimiento los mueve a impulsar políticos demagogos, esto es evidente al leer comentarios como los esgrimido por la base Chavista, una mezcolanza de mediocridad e ideología obsoleta, y así comienza la subasta populista…
¿Y los otros que les prometen?
Misera ilusión, callándose la boca y con una sonrisa artificial salida de una tienda en Miami. ¿O es que crees que toda la dinastía de corruptos que había antes del chavismo y que es la oposición de hoy hizo progresar al país? Si fueron los responsables de hundirlo en primer lugar.
Eso es lo que no acaban de entender los europeos de la realidad americana, no es una elección entre buenos y malos es, una elección siempre por lo menos peor. Por eso la democracia es un régimen que no sirve para nada, la dictadura tiene la ventaja de que la cantidad de parásitos pegados al estado es menor por lo que deja más recursos libres con los que se puede hacer algo, por eso los mejores regímenes latinoamericanos y los más progresistas han sido todos dictatoriales o muy cerca de serlo mientras las democracias han destacado siempre por su corrupción absoluta, incapacidad y debilidad para llevar a cabo cualquier cosa.
Coromoto Díaz
Quito-Ecuador
