Ahora por primera vez la Humanidad siente que a lo largo de la historia, con tantas guerras, pandemias y conflictos, esta experiencia que vivimos es Nueva en nuestra historia.

Es extraño sentir por primera vez que el tejido de la civilización se conmueve y parece vacilar. Ya nada parece azaroso, ni siquiera las formas de las nubes, y al fin se nos revela cuán conectados estamos, de qué manera asombrosa está entretejido este mundo. Entonces cada uno de nosotros se pregunta cuál es el mensaje.

¿Qué somos muchos ya? ¿Qué devorar animales es dañino? ¿Qué la mayor parte de los afanes del mundo son vanos? ¿Qué la lentitud y la soledad son preferibles? ¿Qué las ciudades, más allá de ciertos límites civilizados, son un error y una trampa? ¿Qué el modelo económico en que vivimos no solo es desigual e injusto, sino absurdo y asombrosamente frágil? ¿Qué las corporaciones pueden derrumbarse con la misma facilidad que los seres humanos? ¿Qué lo que llamamos el poder es una brizna de hierba al viento de la historia? .

Todo viene a recordarnos que podemos vivir sin aviones, pero no sin oxígeno. Que los que más trabajan por la vida y por el mundo no son los gobiernos, sino los árboles. Que la felicidad es la salud. Que las religiones han cerrados sus llaves, solo nos queda nuestros pensamientos.

El miedo nos enseña los límites de la fuerza, el alcance de la audacia, el valor verdadero de nuestros méritos. Como el mar, sabe decirnos dónde hay algo que nos supera. Como la gravedad, nos muestra qué poderes están sobre nosotros. Como la muerte y como el cuerpo mismo, nos dice qué mandatos no podemos violar, qué no está permitido, qué frontera es sagrada.

Esta inminencia del desastre nos coloca también en un toque de magia de lo que parecía controlado, un sabor de alucinación en los días, suelta una ráfaga de locura sobre todo lo establecido, un destello de Dios en la prosa del mundo.

Y sentimos que hay algo que aprender de estas alarmas y peligros. Si todo lo más firme se conmociona, nos enseñan que todo puede cambiar, y no necesariamente para mal. Que si la tormenta lo estremece todo, nosotros también podemos ser la tormenta. Y que en el corazón de las tormentas también puede haber, no una furia, sino un sentimiento y una idea.

En esa pausa de paciencia y de miedo ganan nuevo sentido las meditaciones, los consejos de Cristo . Si hay un mundo cansado y enfermo que cruje y se derrumba, tiene que haber un mundo nuevo que se gesta y que nos desafía.

Este miedo que va fuera, debe desencadenar en la Esperanza de conocer la única Realidad que sustenta el UNIVERSO…. el AMOR!
Paz ILUMINADO.