Esta es la pregunta que empieza a circular en medio de las incertezas
que está causando la pandemia del Covid-19 y del estado de alarma.
Pese a las medidas que puedan adoptar los organismos internacionales y
los gobiernos, como el de Venezuela, para paliar las consecuencias de la
parálisis económica, que son como bien sabemos nulas, una de las
cuestiones que más resuenan es si entraremos o no en una crisis
mundial a nivel económico.
No es posible todavía calcular el costo económico de la pandemia:
depende de lo que dure el confinamiento, de las medidas que tomen los
gobiernos respecto a mantener o a cancelar las actividades económicas
no esenciales y de la capacidad de resistencia de empresas y
autónomos.
La economía o la vida
Más allá de las consecuencias económicas, la crisis del coronavirus
vuelve a recordarnos la fragilidad de la vida humana. No sabemos si
esta epidemia vendrá seguida de otras; si fuera así, habrá que
aprender a convivir con la idea de que un organismo microscópico puede
hacer tambalear el sistema económico en todo el mundo.
Como efecto del coronavirus, el declive en la producción y el consumo
tendrá un importante impacto en el número de puestos de trabajo, en
los ingresos de las familias y en la capacidad de recuperación
económica en Venezuela y en el mundo entero.
Por ahora, la receta es que los gobiernos se mueven entre o confinar a
todo el mundo, que sería la mejor solución en términos sanitarios pero
involucra un grave perjuicio para la economía, o mantener la actividad
económica al precio de un probable colapso sanitario y, por tanto, de
un elevado costo en términos de vidas humanas.
Hasta ahora muchos países han desplegado paquetes de estímulo
económico para que no se paralice totalmente la economía y también han
puesto en marcha una serie de políticas sociales tratando de llegar a
los grupos más vulnerables.
El dilema es: “O la vida o la economía”.
Es aún demasiado pronto para saber qué significa realmente, en
términos históricos, la crisis por la que estamos atravesando. Por un
lado quedarán las cifras: los millones de desempleados, el PIB
perdido, el retroceso en todas las variables del progreso…; por otro,
las dudas en torno a los principios sobre los que se había basado el
mundo occidental, y sobre todo el europeo, en las últimas décadas.
Puede que la crisis acabe siendo, después de todo, tan sólo un
(durísimo) paréntesis en un proceso evolutivo; puede también que acabe
sirviendo de revulsivo para reimpulsar un nuevo modo de afrontar el
futuro manteniendo el libre mercado, la democracia y los derechos
humanos como objetivos irrenunciables. O puede que signifique,
definitivamente, el inicio del fin del orden mundial que ha
prevalecido hasta ahora.
Vito Vinceslao Pdte. Cámara de Comercio, Industria y Servicios del Estado Apure vitomvin@gmail.com
@vito_vinceslao
