La situación, la crisis por la pandemia se ha vuelto universal y global. Pero dado que las leyes de la geopolítica no se han cancelado y la confrontación de las macro-regiones mundiales continúa incluso en condiciones tan extremas (y, además, solo se exacerba debido al cierre forzado), el momento de la decadencia es de importancia clave. Desde un punto de vista geopolítico, surge la pregunta fundamental: ¿quién colapsará primero? Dado que no se trata del colapso de uno de dos o más sistemas, sino del colapso de todo el orden liberal-capitalista, que resultó insolvente en la confrontación con la pandemia global, nadie tiene la oportunidad de mantenerse alejado de todo ello. Incluso China, con todo su poder y autonomía, construyó su historia de éxitos debido a su participación en la globalización, aunque adaptada a los estándares chinos y teniendo en cuenta sus propios beneficios. El colapso del orden mundial global le infligirá un golpe irreparable. Sin embargo, toda la arquitectura del futuro mundo posterior al coronavirus depende de quién cae primero.
De ahí la conclusión: mucho en el desarrollo de la situación dependerá no de quién es mejor para hacer frente a la pandemia (ahora es obvio que nadie realmente puede hacer frente a ella), sino de quién caerá primero y quién caerá de segundo.
Los que permanezcan en pir deben participar en la producción industrial, pero también deben incluirse en el proceso de regresar a las normas tradicionales de la vida social.
Sacerdotes, El ejercito, la ciudadania y los Trabajadores Serán los responsables por lo espiritual, por el respeto a las normas de convivencia del Estado, los últimos por la producción de productos y bienes.
La situación, la crisis por la pandemia se ha vuelto universal y global
