Optimismo y confianza ganan terreno. Antes muchos creían que la recuperación económica sería lenta y tendría forma de “U”, pero ahora parece que será rápida y tendrá forma de “V”.
La impresión demuestra que esa poderosa maquinaria que es la economía de los EEUU dejó atrás el coronavirus y despertó. Acostumbrada a superar recesiones, depresiones, crisis financieras y guerras mundiales, la pandemia es sólo un reductor de velocidad en el camino.
Y es que las economías libres, abiertas y de mercado tienen un motor muy poderoso: el individuo. Millones de personas que salen a diario a trabajar duro, a ahorrar, invertir, crear, innovar, arriesgar, emprender, en busca de su beneficio personal en forma de sueldos, ganancias, dividendos, intereses, patentes, derechos, plusvalías, etc. Las economías abiertas cosechan beneficios sociales de las acciones que las personas emprenden de forma entusiasta e individualista. Esa es una gran fortaleza. Adam Smith la bautizó como “una mano invisible” hace más de 200 años.
Lo anterior vale para todas las economías del mundo, en la medida en que sean libres y abiertas. Lamentablemente no aplica para nuestra Venezuela (ni Cuba, ni Norcorea) pero, si lograramos la anhelada libertad, un cambio de régimen y de modelo económico, perfectamente aplicaría para nosotros también.
Lo anterior, aunado a gigantescos estímulos monetarios y fiscales por parte de bancos centrales y gobiernos alrededor del mundo, han servido la mesa para una rápida recuperación económica en los países del mundo libre.

Coromoto Díaz
Quito Ecuador