José Antonio Páez, el personaje que ocupa uno de los lugares más preponderantes en la historia de Venezuela gracias a su figuración en los acontecimientos bélicos que aseguraron nuestra independencia y en la consolidación de las instituciones de la República.
Páez, el Centauro de los Llanos, el guerrero de una valentía sin precedentes y autor de acciones con visos de leyenda, político vigoroso, autoritario y discutido, notable por su nacionalismo; nació un día como hoy 13 de junio de 1790 a orillas del río Curpa, cantón de Araure en la entonces provincia de Barinas.
Fue peón de ganado en los hatos de Apure y domador de potros en las llanuras de Barinas. Ágil en el lazo y audaz en la coleada, hábil para lidiar el toro y temerario para vencer al jaguar y matar el caimán, no conocía otra patria que la tierra que pisaba su caballo.
El mismo Páez al evocar esa época de su vida, escribía: “ese fue el gimnasio donde adquirí la robustez atlética, que tantas veces me fue utilísima después… mi cuerpo a fuerza de golpes se volvió de hierro y mi alma adquirió con las adversidades de los primeros años, ese temple que la educación más esmerada no hubiera podido darme…”
Para convertirse en lo que llegó a ser Páez, no lo agota su explicación el azar, sino el valor, la intrepidez, el arrojo y sobre todo la convicción que lo inspiraba, es decir el hecho de un profundo amor a la libertad y a la patria y una voluntad férrea para lograr lo que se había propuesto.
Venezuela ha dado hombres muy valerosos, patriotas y dos de ellos nacieron en Portuguesa, mi pueblo al que considero cuna de la libertad gracias a José Antonio Páez y Juan Guillermo Iribarren.
Páez, el héroe de tantas batallas peleadas en su terruño, el héroe más grande que ha parido esta patria, después de una de sus cruzadas; la de Mata de la Miel en febrero de 1815 en la que muestra sus dotes de mando y habilidad táctica a las tropas que habían sido hasta ese momento comandadas por Ricaurte, comienza a forjarse la leyenda sobre su inusitado valor que adornaba su carácter como jefe militar. Desde 1810, cuando apenas contaba 20 años, batallaba a favor de los patriotas al mando de José Antonio Pulido, dueño del hato La calzada. Durante seis años había conocido los más duros rigores sin desmayar su espíritu en su lucha por la causa libertaria. De sus primeras acciones de guerra, cuéntase la sospresa de las Matas Guerrereñas un 27 de noviembre de 1813, cuando salió al encuentro del comandante realista Miguel Marcelino a quien encontró en la Sabana de Suripá, en las cercanías de Canaguá. Le comete y vence con 250 hombres de Caballería.
Páez, de acuerdo a la opinión del historiador colombiano Restrepo, poco afecto a su figura dice: “Era tal la confianza que todos tenían en el valor de Páez –refiriéndose al hecho de que nuestro prócer fue nombrado Jefe Civil y Militar de Venezuela y la Nueva Granada-, en su actividad, en su influjo sobre los llaneros y en otras dotes que le adornaban, que los generales Urdaneta y Servier, lo mismo que algunos coroneles, se sometieron a su autoridad de buena gana, mirando este paso como la única tabla de salvación en aquel naufragio espantoso (aludiendo al hecho ocurrido cuando en 1816 el General Morillo había destrozado los ejércitos patriotas de Venezuela y Nueva Granada y la dominación de la corona española se había enseñoreado en estos territorios). Páez decretó enseguida la cesación en sus funcionesa del presidente Fernando Serrano, declarando en presencia de las tropas que él exclusivamente se hallaba en ejercicio de la autoridad suprema. En aquella difícil y triste coyuntura no podía ser de otro modo.
Ente los meses de octubre y septiembre de 1816, Bolívar se encontraba EN Haití, donde llega desolado por los resultados de su primera expedición de los Cayos y por no haber podido consolidar su liderazgo ante los jefes orientales. Tal como registran los historiadores, ni Venezuela ni Nueva Granada contaban con un gobierno o un liderazgo que sustentara sus ideas independentistas. Se dirigen entonces a Páez las miradas y la esperanza de un pueblo.
No era la primera vez que en Páez se concentraba la atención de los que abrazaron la causa independentista: ya entes, en 1813, el pueblo de Barias, reunido en Cabildo, le ofrece el cargo de gobernador y comandante de armas, que rechaza.
Podría enumerar tantas batallas, todas las batallas que se libraron en nuestra patria para lograr su libertad, prácticamente libradas por nuestro Centauro LLanero, pero no terminaría jamás.

Por eso PÁEZ es MI LIBERTADOR