Cuando en muchos hogares de Portuguesa se respira paz, quiero compartir con mis respetables colegas mi experiencia como testigo de excepción, aunque no ejerzo penal, viví la tragedia de una familia trabajadora, honorable, la persecución inclemente de lo que debía ser un proceso penal ordinario, se transformó en acoso, con la única finalidad de quitarle la venda la venda a la Dama de la justicia por tiras de papel verde, un proceso que nada tuvo que ver con homicidio, hurto o tráfico de sustancias estupefacientes, una separación común, un divorcio, convertido en una masacre jurídica, así tantos casos de caficultores de la zona alta de Monseñor José Vicente de Unda y Sucre, secuestrados y extorsionados todos víctimas de Amarilys Pérez, hoy quizá haya motivos justificados para celebrar que la mano de la justicia haga su trabajo, la destitución de la Amarilis constituye un acto de justicia, se acabaron con ello, el abuso de poder, la extorsión, la violación de hogares con allanamiento sin orden judicial, donde hasta enseres domésticos que nada tenían que ver con el supuesto delito fueron desaparecidos y no devueltos a sus legítimos dueños,noches de larga angustia, desvelos y temores, que no se indemnizan con dinero, ojalá podamos cerrar este gris capítulo y que el Imperio de la Ley alcance a quienes pretenden convertir en lupanar el sacrosanto recinto de la Dama de la Justicia, ojalá y sea un precedente para sucesores, que puedan lavar la toga, limpiar sus manchas y aplicar la verdadera justicia, que podamos recuperar la credibilidad y La Paz ciudadana, queda el dolor de perder casas, vehículos, tranquilidad y volver a tener certeza de cumplir con el derecho que tenemos de ejercer nuestra profesión y la Garantía de ser aplicada…