Los titulares de prensa de los últimos días dan cuenta de una nueva oleada de migrantes saliendo de Venezuela.

El cierre de un terminal fluvial en Arauca ante la llegada de 2.000 venezolanos. La militarización de fronteras por parte de Perú y Ecuador, y la respectiva protesta de Amnistía Internacional. ONG’S que denuncian que indígenas que hacían vida en Venezuela están migrando con todos sus peroles a Brasil. Un camión militar que se voltea con 20 caminantes abordo. Entre muchas otras noticias.

Una nueva ola migratoria cuando la pandemia está en su peor momento en la región; cuando las economías de los países vecinos están afectadas; cuando las fronteras están militarizadas para impedir la migración ilegal; cuando en Venezuela llegar hasta la frontera es todo un reto por la falta de gasolina y transporte público, extorsiones en cada alcabala, etc.; cuando muchos migrantes saben, gracias a los retornados, que en otros países también la pueden pasar muy mal. Con todo y eso, una nueva oleada de migración parece estar en desarrollo. Esta es la señal más clara de la profunda crisis humanitaria que asfixia y desespera a los venezolanos, y que no cesa.
Los líderes sociales están comprometidos en elevar su voz en acompañamiento de los grupos vulnerables, y los líderes gubernamentales deben oír el clamor de quienes no tienen otra vía que huir desesperados del infierno.