Los gentiles son hijos de Abraham, los que se hicieron justos por la fe. Esto lo sabía Abraham pues fue notificado de antemano: «En ti serán benditas todas las naciones».
La ley no es la simiente prometida, ni se ejecuta por la fe. Por la ley se vive bajo maldición porque está escrito: «Maldito todo el que no permanece en TODAS las cosas escritas en el rollo de la ley, para hacerlas».

La ley fue dada para comprender que era imposible justificarse, para desear la gracia y la eterna redención, para anhelar el Mesías, el Cristo, y así operar desde la resurrección y no desde la muerte.
Quien anhela cumplir toda la ley sólo expresa la fuerte iniquidad de que la carne gobierne, porque la carne es igual a pretender alcanzar la gracia por obras.
La gracia se recibe, no se alcanza y para recibirla se requiere de la fe, que no la puede producir la carne pues es un don de Dios.

Cuando Cristo (la simiente) nace en el hombre, lo único que hace el hombre es doblegar su voluntad y es allí donde la fe actúa. Somos bendecidos, no maldecidos (lo que perseguía la ley) y la justicia de Dios nos cubre. Pasamos a formar parte del linaje de Abraham.
Gálatas 3:7
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.

No hay dos pueblos, ni Israel tiene dos identidades.
Gálatas 3:7,28
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús.

Cuando Cristo nace en el hombre: Somos bendecidos… Dios te bendiga Juan Andrés junto a toda tu familia.

Querer separar lo espiritual de lo físico, para darle relevancia al Israel según la carne, es abrir un camino a «otra simiente», la de la carne, la de la ley, para que sea valorada, respetada y restituida y comparta la herencia que es por la fe. Pero esto es imposible, porque la esclava no hereda con la libre.
Gálatas 4:25
Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud.

Xiomara Núñez Chacin.