El presidente Trump firmó una Orden Ejecutiva que declara a Cuba como una «amenaza extraordinaria para la seguridad nacional». Esta medida no solo ratifica el embargo, sino que impone aranceles punitivos a cualquier tercer país que suministre petróleo a La Habana, una movida dirigida directamente a frenar las exportaciones de México y Rusia.

«Estamos empezando a hablar con los líderes de Cuba, pero ellos saben que el juego ha cambiado», declaró Trump el pasado sábado. «Sin el dinero y el petróleo de Venezuela, su sistema no puede sostenerse. Sugiero que negocien un trato ahora, antes de que sea demasiado tarde. Queremos una Cuba libre y estamos dispuestos a ser bondadosos, pero la presión será total».


​La Respuesta de La Habana

Desde el Palacio de la Revolución, Miguel Díaz-Canel rechazó cualquier posibilidad de diálogo bajo estas condiciones. En un enérgico discurso ante la Tribuna Antimperialista, el mandatario cubano subrayó que «Cuba no es Venezuela» y que la isla posee una unidad defensiva inquebrantable.

​Díaz-Canel manifestó que la nación no aceptará «dictados de nadie» y que están dispuestos a «inmolarse defendiendo la soberanía». «No hay capitulación posible ante la intimidación. Si el imperio nos agrede, estamos listos para defender cada palmo de esta tierra hasta la última gota de sangre», sentenció, reafirmando la consigna de «Patria o Muerte».

La situación actual es el clímax de una escalada que comenzó en 2025, cuando la administración Trump revirtió las últimas flexibilizaciones de la era Biden, prohibiendo remesas a través de entidades militares y limitando drásticamente los vuelos comerciales.

​La estrategia de Washington

Bloqueo Naval: La presencia de la Armada de EE. UU. en el Caribe ha interceptado cargueros con crudo venezolano destinados a puertos cubanos.

Sanciones Extraterritoriales: El reciente decreto de aranceles busca forzar a socios comerciales, como México, a elegir entre el mercado estadounidense o el apoyo a la isla.

Crisis Interna: Cuba enfrenta hoy su peor crisis económica en 30 años, con apagones masivos e inflación galopante, lo que Washington interpreta como el momento oportuno para forzar un cambio de sistema.

Mientras el gobierno estadounidense apuesta por el colapso económico como motor de cambio, la cúpula cubana se atrinchera en una postura de guerra ideológica, dejando a la comunidad internacional a la expectativa de un posible desenlace diplomático o una escalada de consecuencias impredecibles para la región.

Crítica 24