El líder opositor ruso Alexei Navalny fue asesinado con veneno extraído de ranas de punta de flecha, un género de batracios endémico de Centroamérica y Sudamérica. Así lo ha declarado el Gobierno británico en un comunicado oficial conjunto con Francia, Suecia y Países Bajos justo cuando está a punto de cumplirse el segundo aniversario de la muerte del disidente en un campo de trabajos forzados en el Ártico en el que estaba cumpliendo una condena de 19 años por su lucha contra la corrupción.

Londres dice haber llegado a la conclusión del tipo de veneno usado para matar a Navalny a través de tejidos del disidente obtenidos (supuestamente sin el conocimiento de las autoridades rusas) de la celda en la que estaba cuando falleció. La ministra británica de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, ha afirmado que «solo el Gobierno ruso tenía los medios, el motivo y la oportunidad necesarios para usar esta toxina mortífera contra Alexei Navalny durante su encarcelamiento». La jefa de la diplomacia británica anunció que el Reino Unido denunciará a Rusia ante la Convención Internacional sobre Armas Químicas por la acción.

El primer ministro británico, Keir Starmer, ha denunciado esta mañana en Múnich que «Rusia ha demostrado su apetito por llevar a cabo agresiones». Starmer también anunció el envío de barcos de guerra del Reino Unido al Ártico, una nueva zona de tensión entre la OTAN y Rusia que, además, se ha visto complicada por las amenazas de Donald Trump de ocupar Groenlandia.

La toxina que mató a Navalny era epibatidina, que, de las 203 especies de ‘rana dardo’ conocidas, es la única, que se sepa, que la genera. Encima, esa especie — la ‘Epipedobates Anthonyi’— solo vive en un país: Ecuador. Todas esas ranas producen sus venenos a través de su piel.

La investigación del Reino Unido llega a detalles extremadamente precisos y, en cierta medida, macabros. Por de pronto, las palabras de Cooper descartan implícitamente que Rusia produjera la epibatidina en un laboratorio, pese a que eso es factible desde hace tres décadas.

Además, la rana solo produce la epibatidina a partir de los alimentos que come en su entorno natural, por lo que es prácticamente imposible obtener la toxina de ejemplares en cautividad. Eso sugiere una operación de enorme complejidad por parte del Kremlin, tal vez con el propósito de encontrar un veneno lo suficientemente exótico como para dificultar su identificación. La epibatidina es unas 200 veces más potente que la morfina. Una dosis muy pequeña provoca la muerte por insuficiencia respiratoria.

Navalni murió el 16 de febrero de 2024 en la colonia penal IK-3, conocida como «Lobo Polar», situada en Kharp, dentro del círculo polar ártico ruso.

El Kremlin ha negado reiteradamente cualquier implicación en la muerte del opositor. Las autoridades rusas han sostenido que Navalny murió por causas naturales y han rechazado las acusaciones occidentales, calificándolas de infundadas y políticamente motivadas.

Sin embargo, el anuncio realizado en Múnich marca un punto de inflexión. Por primera vez, varios gobiernos europeos han afirmado oficialmente, basándose en análisis científicos, que Navalny murió como resultado de un envenenamiento deliberado mientras se encontraba bajo custodia del Estado ruso.

Elmundo