En una demostración de fuerza y pragmatismo transaccional, el presidente Donald Trump utilizó el discurso del Estado de la Unión de 2026 para declarar el éxito de su «Doctrina de Seguridad Hemisférica». Con un lenguaje que mezcló la amenaza militar con los negocios energéticos, Trump presentó la estabilización forzada de Venezuela como el mayor triunfo de su administración.

​»Estamos restaurando la seguridad y el dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental», arrancó el mandatario, quien explicó que su campaña militar ha asfixiado las rutas marítimas utilizadas por los cárteles. En una de las frases más comentadas de la noche, Trump aludió al bloqueo total de las costas: «Hemos detenido la entrada de drogas prácticamente por completo por vía marítima. Como habrán notado, esto dañó gravemente su industria pesquera. Ya nadie quiere ir a pescar», sentenció entre risas, refiriéndose a que, bajo su vigilancia aérea y naval, cualquier embarcación sospechosa de narcotráfico es interceptada antes de salir a aguas internacionales.

​El control de las costas ha dado paso al control de los recursos. Trump anunció que la cooperación con Caracas ya arroja dividendos energéticos: «Acabamos de recibir de nuestra nueva socia y amiga, Venezuela, más de 80 millones de barriles de petróleo». Este flujo de crudo, vital para su promesa de bajar los precios de la gasolina, es el pilar de su relación con quien hoy detenta el mando ejecutivo.

¿Una nueva realidad política?

​El discurso marcó el entierro político del reconocimiento a las figuras que lideraron la resistencia civil en años anteriores. Trump omitió deliberadamente cualquier mención a María Corina Machado o Edmundo González Urrutia. No hubo alusiones a ellos como ganadores de procesos electorales ni como interlocutores válidos.

​En su lugar, el mandatario validó la autoridad de la actual presidente encargada: «Estamos trabajando estrechamente con la nueva presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez… para impulsar extraordinarios avances económicos para ambos países». Esta omisión de los nombres tradicionales sugiere que, para la Casa Blanca, la «transición» no pasa por revivir los resultados de julio de 2024, sino por consolidar un mando que responda a los intereses de seguridad y energía de los Estados Unidos. Mientras Rodríguez mantenga la «colaboración y obediencia», Trump no propiciará cambios adicionales.

​De Guaidó a Márquez

​Esta es la segunda vez que Trump reconoce un liderazgo opositor en el Capitolio, pero bajo una lógica distinta. Si en 2020 reconoció a Juan Guaidó como una apuesta de cambio de régimen, en 2026 parece estar construyendo una alternativa con figuras que no pertenecen al ala radical.

Así se refirió en su momento Trump a Guaidó: https://www.facebook.com/share/v/1CAvmMmZkL/

​El presidente presentó como invitado de honor a Enrique Márquez, excandidato presidencial y exmiembro de la Comisión Electoral, quien estuvo recluido en El Helicoide. Al anunciar que «Alejandra González, su tío no solo ha sido liberado, sino que está aquí esta noche», Trump envió un mensaje cifrado: la liberación de presos políticos es el pago de Delcy Rodríguez por el reconocimiento de Washington, pero la presencia de Márquez en el Congreso lo posiciona como el nuevo rostro de un liderazgo opositor «postconflicto». Con Márquez en la sala y Rodríguez en el palacio.

En tanto, esto fue lo que dijo Márquez en ssus redes sociales:

Trump parece haber diseñado una transición a su medida, donde los antiguos símbolos de la resistencia han sido reemplazados por socios operativos y figuras de consenso que garantizan que el petróleo siga fluyendo.

SOUG