Cuando los misiles iraníes impactaron capitales y ciudades del Golfo durante el fin de semana, destrozaron más que vidrio y concreto: también fueron un golpe a la imagen cuidadosamente cultivada de los estados del Golfo como oasis de estabilidad, aislados de las crisis y conflictos en el resto de Medio Oriente.
Ahora, los países de la región enfrentan lo que los analistas describen como una elección imposible: contraatacar y correr el riesgo de ser vistos como luchadores junto a Israel, o permanecer pasivos mientras sus ciudades arden.
El ex primer ministro y ministro de Asuntos Exteriores de Qatar, el jeque Hamad bin Jassim bin Jaber Al Thani, advirtió en una publicación en X que los estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) “no deben verse arrastrados a una confrontación directa con Irán”, a pesar de que Teherán “violó la soberanía de los estados del Consejo y fue el agresor”.
“Hay fuerzas que quieren que los estados del Consejo se involucren directamente con Irán”, escribió el jeque Hamad.
“Pero un enfrentamiento directo entre los estados del Consejo e Irán, si ocurre, agotará los recursos de ambas partes y brindará una oportunidad para que muchas fuerzas nos controlen con el pretexto de ayudarnos a escapar de la crisis”.
Instó al CCG a actuar como “una sola mano unificada para hacer frente a cualquier agresión”, evitando al mismo tiempo ser “eliminados uno por uno”.
Faisal Al-Mudahka, editor jefe del Gulf Times, con sede en Doha, lo expresó sin rodeos: «Esta es la guerra de Israel y Estados Unidos, y no tiene nada que ver con nosotros. Simplemente estamos atrapados en esta situación geopolítica».
“El Golfo se centra en la prosperidad, el desarrollo, la seguridad y el diálogo”, declaró Al-Mudahka a Al Jazeera. “No buscamos la guerra. No queremos ser arrastrados a esta guerra por la ideología de Netanyahu y la ideología de Irán”.
Y es que cuando Teherán respondió con misiles y drones contra Israel y activos militares estadounidenses
en el Golfo, lo hizo también matando al menos a tres personas en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), donde al menos 58 personas habían resultado heridas hasta la noche del domingo. Los misiles, o sus escombros tras ser interceptados, impactaron en edificios emblemáticos y el aeropuerto de Dubái, rascacielos en Manama y el aeropuerto de Kuwait. También se observó humo saliendo de algunos barrios de Doha. Arabia Saudita afirmó que Irán también atacó Riad y su región oriental. Qatar informó que 16 personas resultaron heridas en su territorio, mientras que cinco personas resultaron heridas en Omán, 32 en Kuwait y cuatro en Baréin.
Una guerra que intentaron detener
Los países del Golfo no deseaban esta confrontación. En las semanas previas al ataque, Omán había mediado en conversaciones indirectas entre Washington y Teherán, y el ministro de Asuntos Exteriores, Badr Albusaidi, declaró que la paz estaba «al alcance» después de que Irán acordara no acumular uranio enriquecido y diluir drásticamente el que ya poseía.
Aún así, horas después, Estados Unidos e Israel lanzaron misiles.
Al-Mudahka cuestionó la escalada de la guerra cuando Omán había logrado un acuerdo que describió como «mejor que el de Obama». Afirmó que el emir de Qatar, el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, había presionado extensamente a Washington para que no utilizara bases del Golfo en operaciones contra Irán.
Escenarios de pesadilla
El temor inmediato de los líderes del Golfo se centra en su infraestructura más vulnerable. Marks identificó lo que denominó el «verdadero escenario de pesadilla»: ataques a las redes eléctricas, plantas desalinizadoras de agua e infraestructura energética.
“Sin aire acondicionado ni desalinización del agua, los abrasadores y secos países del Golfo serían esencialmente inhabitables”, afirmó.
Sin infraestructura energética, no son rentables. Los países del Golfo tomarán las medidas que consideren menos perjudiciales para esos intereses.
El jeque Hamad, en su publicación en X, advirtió que se avecinan nuevos peligros independientemente de cómo termine esta crisis inmediata.
“Después de que concluya esta batalla, surgirán nuevas fuerzas en la región, e Israel tendrá dominio sobre nuestra región”, escribió.
“Los Estados del Consejo no tienen otra opción que actuar como una sola mano unificada para hacer frente a cualquier agresión en su contra, rechazando cualquier intento de imponerles dictados o chantajearlos”.
AJ
