Lo que la Casa Blanca presentó como una «ofensiva quirúrgica y relámpago» se está convirtiendo en un agujero negro para el bolsillo del contribuyente estadounidense. A solo una semana de iniciadas las hostilidades bajo la Operación Epic Fury, las cifras de pérdidas materiales y costos operativos han escalado a niveles que los analistas tildan de «insostenibles» para una economía que ya lidiaba con una inflación persistente.
Según datos del Center for Strategic and International Studies (CSIS) y reportes de inteligencia filtrados desde el Pentágono, el costo acumulado en los primeros siete días de combate supera los 5.800 millones de dólares. Para ponerlo en perspectiva: Washington está «quemando» un promedio de 800 millones de dólares diarios en el Golfo Pérsico.
Las pérdidas materiales directas —activos destruidos por la defensa iraní o incidentes operativos— ascienden a aproximadamente 2.520 millones de dólares. Entre los activos más costosos que EE. UU. ha tenido que tachar de su inventario se encuentran:
Sistemas de Radar: La pérdida más dolorosa ha sido el sistema de radar de alerta temprana AN/FPS-132 en Qatar, valorado en 1.100 millones de dólares, presuntamente alcanzado por una salva de misiles balísticos iraníes.
Aviación: Se confirma la pérdida de al menos tres cazas F-15E Strike Eagle en un incidente de «fuego amigo» en Kuwait, además de drones de vigilancia de alta gama. Solo en estas aeronaves, la pérdida supera los 200 millones de dólares.
Interceptores: El uso masivo de misiles Patriot y THAAD para frenar la lluvia de drones y misiles de Teherán ha drenado las arcas. Cada interceptor tiene un costo de entre 2 y 4 millones de dólares; se estima que EE. UU. ha gastado 1.700 millones solo en defensa aérea para proteger sus bases.

Un impacto que va más allá del frente
El costo no solo se mide en metal retorcido. La parálisis parcial del Estrecho de Ormuz ha disparado el crudo WTI por encima de los 80 dólares, amenazando con una recesión global si el conflicto se extiende más de 30 días.
Expertos fiscales como Kent Smetters advierten que, si la guerra no se detiene en las próximas semanas, las pérdidas totales para la economía estadounidense —incluyendo la reposición de municiones y el impacto en el PIB— podrían alcanzar la escalofriante cifra de 210.000 millones de dólares.
»A este ritmo, el costo de solo una semana de guerra podría haber financiado beneficios alimentarios para 2 millones de estadounidenses durante todo un año», señala un informe del Center for American Progress.
Mientras la administración Trump asegura que los objetivos militares se están cumpliendo, los números en Wall Street y los balances del Pentágono cuentan una historia muy distinta: una de desgaste rápido y facturas multimillonarias que apenas comienzan a llegar.
Crítica24
