Este 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer trasciende la celebración para convertirse en un espacio de profunda reflexión sobre el papel de las venezolanas en la reconstrucción del tejido social. En un contexto de desafíos económicos y sociales persistentes, la mujer se ha consolidado no solo como el corazón del hogar, sino como el motor que mantiene en pie a las comunidades.
En Venezuela, la figura femenina es el soporte fundamental de la estructura familiar. Según datos recientes de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, aproximadamente el 52% de los hogares venezolanos tiene una jefatura femenina. Esto significa que más de la mitad de las familias del país dependen exclusivamente del liderazgo, el trabajo y la resiliencia de una mujer.
Este rol va mucho más allá del aporte económico. Las mujeres son las principales gestoras del cuidado al atender a niños y adultos mayores, administrando recursos escasos con una eficiencia admirable y liderando las organizaciones comunitarias y las redes de apoyo vecinal. Son ellas quienes, en tiempos de crisis, han diseñado estrategias de supervivencia que han evitado un colapso mayor en el bienestar social.
Desigualdad persistente
A pesar de su importancia estratégica, la desigualdad de género sigue siendo una barrera estructural en el país. Las mujeres venezolanas enfrentan una paradoja cruel, pues son las que más cargan con la responsabilidad del país, pero son quienes lo hacen en condiciones de mayor precariedad.
Venezuela registra una de las brechas de ingresos más amplias de la región, estimándose que las mujeres ganan significativamente menos que los hombres por realizar trabajos similares o tener niveles de formación equivalentes. Asimismo, la carga del trabajo de cuidado no remunerado limita el acceso de las mujeres al mercado laboral formal, lo que las empuja hacia la economía informal sin beneficios sociales ni estabilidad, profundizando la vulnerabilidad en los hogares liderados por ellas.
Aunque el nivel educativo de la mujer venezolana es elevado, superando en muchos casos el promedio de años de escolaridad masculina, los cargos de alta gerencia y toma de decisiones siguen estando mayoritariamente ocupados por hombres.
Violencia
La manifestación más extrema y dolorosa de esta desigualdad es la violencia de género. El Estado y la sociedad civil mantienen una deuda histórica con la seguridad de las mujeres, niñas y adolescentes.
La violencia machista sigue cobrando vidas de manera sistemática y las estadísticas reflejan una realidad que requiere atención inmediata y políticas públicas efectivas de protección.
De acuerdo con el monitoreo realizado por organizaciones independientes y el seguimiento de casos en medios de comunicación, durante el año 2025 se registraron al menos 155 femicidios en territorio venezolano. En lo que va de 2026, la tendencia no ha mostrado una disminución significativa, reportándose ya decenas de casos en los primeros meses del año, lo que mantiene la alerta sobre la urgencia de garantizar justicia y una vida libre de violencia para todas.
Crítica24
