Desde la capital colombiana, Bogotá, el máximo representante de la diplomacia del gobierno cubano, Bruno Rodríguez, comunicó que su país mantiene la disposición de entablar un “diálogo serio y responsable” con el gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, enfatizó que este acercamiento solo será viable si se garantiza la ausencia total de injerencia en los asuntos domésticos de la isla.
Estas declaraciones fueron emitidas en el contexto de la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), un organismo integrador que reúne a 33 naciones del continente.
La postura gubernamental de La Habana es tajante: cualquier conversación con Washington debe fundamentarse en el respeto absoluto a la soberanía nacional. Según Rodríguez, el modelo político imperante en el país no será objeto de ninguna transacción o mesa de negociación.
En sintonía con estas palabras, el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossio, ya había adelantado horas antes que la determinación de la administración cubana es firme y sin fisuras: “El sistema político de Cuba no es negociable, y por supuesto ni el presidente ni el cargo de ningún funcionario en Cuba están sujetos a negociación con Estados Unidos”
Esta reafirmación diplomática surge como respuesta directa a los comentarios del presidente Donald Trump. El mandatario estadounidense ha señalado recientemente su interés en alcanzar un acuerdo con el régimen, advirtiendo que, de no concretarse, podría considerar una intervención de carácter más directo.
El jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Francis Donovan, compareció ante el Congreso el jueves para descartar que las fuerzas militares estén planificando una incursión en territorio cubano.
Donovan especificó que cualquier movimiento de tropas solo se plantearía bajo el escenario de proteger la integridad de la embajada de EE. UU. en La Habana o la base naval de Guantánamo, con el fin exclusivo de resguardar a los ciudadanos estadounidenses presentes en la zona.
Kch
