La política, en su dimensión más elevada, debe servir para nutrir la vida pública y edificar el país que merecemos, uno donde la gestión supere al espectáculo. Sin embargo, en el Zulia seguimos siendo testigos de un contraste ético profundo. Por un lado, vemos el resurgir de figuras como Avilio Troconis, quien hoy, bajo el sello de Primero Justicia, se calza el traje de «denunciante de oficio».

Resulta cínico que quien hoy levanta la voz por los servicios públicos y los salarios, mantuviera un silencio sepulcral mientras figuraba como uno de los contratistas más favorecidos en la pasada gestión de la Alcaldía de Maracaibo. El país no se construye con indignaciones selectivas que solo aparecen cuando se pierde el acceso a la nómina pública.

​El drama eléctrico que castiga a nuestra región es el mejor ejemplo de esta brecha. Mientras el sector que representa Troconis utiliza el sufrimiento del zuliano como combustible para «calentar la calle» con discursos vacíos y agendas ocultas, la realidad técnica exige una mirada mucho más honesta.

El gobernador Luis Caldera, hablando no solo como gobernante sino con la propiedad de su formación como ingeniero, ha sido claro sobre la magnitud del desafío, aunque sus primeras palabras fueran una afirmación de sus deseos como zuliano.

El anhelo de ver el fin de los apagones es una urgencia compartida, la recuperación del sistema termoeléctrico no es un proceso de «soplar y hacer botellas». Caldera se encontró con una infraestructura cuya recuperación demanda tiempo, una inversión financiera colosal y un esfuerzo humano sin precedentes.

Es un acto de responsabilidad política admitir que las sanciones jugaron un papel devastador en el deterioro de la red, frenando la adquisición de repuestos y la modernización de maquinaria crítica.

Gobernar con la verdad, aunque esta sea compleja, es lo que diferencia a un estadista de un agitador de turno.

​La solución definitiva no vendrá de quienes buscan figurar para mantenerse vigentes, sino de la alianza entre la voluntad política real y el conocimiento especializado.

El Centro de Ingenieros del estado Zulia cuenta con profesionales de altísimo nivel, hombres y mujeres dispuestos a tender la mano para reconstruir nuestro sistema eléctrico sobre bases científicas y no sobre promesas electorales de corto aliento que ven en el reinicio de las protestas el oxígeno necesario para reavivar sus liderazgos.

Venezuela y el Zulia han demostrado una resiliencia inquebrantable y una capacidad de trabajo admirable cuando nos unimos en pos de un objetivo común. La paz y la transformación de nuestra realidad no vendrán de discursos populistas que buscan calentar la calle, sino del esfuerzo conjunto, de propuestas serias y de la voluntad de poner el conocimiento al servicio del pueblo.

El país que soñamos se construye con el trabajo de todos, dejando atrás la politiquería para dar paso a la reconstrucción real que nace de nuestra propia capacidad de reencontrarnos en el esfuerzo.

Crítica24