En las calles de Maracaibo, el crimen suele confiar en la sombra y el silencio. Pero hay un factor que no pueden burlar: el instinto entrenado y la bota táctica. Durante el primer trimestre de 2026, la Unidad de Patrullaje Canino de Polimaracaibo ha ejecutado una ofensiva sin precedentes, transformando cada despliegue en una lección de profesionalismo policial bajo la dirección del Coronel Napoleón Rivero Acosta.
No son solo patrullas; es una fuerza de élite que ha decidido que en esta ciudad, los «malos» se están quedando sin espacio para respirar.

Enero: El asalto a la impunidad


El año comenzó con un golpe seco al microtráfico y al vandalismo. Mientras la ciudad despertaba, la Unidad ya rastreaba el veneno en las calles, logrando la incautación de 1.000 gramos de droga. Pero el verdadero acto de justicia ocurrió en una unidad de diálisis.
Cuatro individuos creyeron que sustraer bombas de agua —vitales para la vida de pacientes crónicos— sería un crimen sencillo. No contaban con la velocidad de respuesta de la Unidad Canina. En un procedimiento de alta precisión, la policía no solo recuperó los equipos, sino que puso tras las rejas a los responsables. Enero cerró con nueve capturas, enviando un mensaje claro: quien atente contra la salud del ciudadano, terminará en una celda.

Febrero: Escudo contra la sombra

​Febrero puso a prueba la templanza de los oficiales. El objetivo cambió: proteger a los más vulnerables. La Unidad no vaciló ante reportes de violencia de género bajo amenaza de armas de fuego o casos de maltrato infantil con lesiones graves.
​Siete detenciones marcaron el mes. Entre ellas, la neutralización de quienes saboteaban el cableado eléctrico en Juana de Ávila, dejando a oscuras a comunidades enteras. La actuación policial fue quirúrgica, demostrando que el profesionalismo no solo reside en la fuerza, sino en la capacidad de detectar el peligro antes de que se convierta en tragedia.

Marzo: El fuego bajo control

​En lo que va de marzo, la operatividad no ha dado tregua. Cinco ciudadanos más han sido puestos a la orden de la justicia. La captura más emblemática ocurrió en el sector 18 de Octubre, donde un individuo fue sorprendido en flagrancia mientras incendiaba cableado eléctrico. En un local comercial de la emblemática parroquia Santa Lucía, la historia fue la misma: el que intenta llevarse lo ajeno, se encuentra con el binomio canino esperándolo en la salida.

​Lo que estas cifras revelan es una realidad técnica: la delincuencia en Maracaibo está retrocediendo ante una policía que no improvisa.

Cada procedimiento de la Unidad Canina es una página más en este diario de seguridad donde, día tras día, los «malos». La calle ya no les pertenece; ahora le pertenece a la ley y el orden y, aunque suene a serie de televisión, es la verdad que la gente está percibiendo en las calles de la ciudad.

Crítica24