“¡Cinco claves estratégicas controlan el mundo!”, fue la célebre declaración de Sir Jacky Fisher, el almirante de la época victoriana. Sus palabras hacían referencia a puntos geográficos que dominan las arterias del comercio oceánico: Singapur, Ciudad del Cabo, Alejandría, Gibraltar y Dover. En la actualidad, esa lista obligatoriamente incluiría a la pequeña isla de Ormuz y el estrecho homónimo. Irán ha ejercido presión sobre este canal, que es la única salida marítima del Golfo Pérsico, controlando así el tránsito de una quinta parte del petróleo y gas natural licuado consumido a nivel mundial. Esta situación ha provocado inestabilidad en las economías globales. No obstante, según diversos indicadores, Ormuz no es la ruta más vital del planeta, lo que revive la histórica preocupación por la seguridad del flujo mercantil.
“Mucha gente se dará cuenta de que el comercio marítimo es de gran valor y debe protegerse”, sostiene Steven Wills, experto del Centro de Estrategia Marítima de los Estados Unidos. Pese al desarrollo de infraestructuras terrestres y aéreas, los buques siguen siendo el motor principal de la globalización, transportando aproximadamente el 85% de las exportaciones por volumen, de acuerdo con la firma Clarksons. En términos de valor, esta cifra representa el 55%, dado que productos de alta gama como teléfonos móviles suelen enviarse por avión. Sin embargo, este intercambio comercial hoy enfrenta peligros sin precedentes.
Nuevas amenazas en el horizonte marítimo
En primer lugar, la accesibilidad a tecnología bélica de bajo costo ha permitido que grupos irregulares extiendan su capacidad de ataque. Los barcos comerciales que cubren la ruta entre Asia y Europa a través de Bab el-Mandeb han pasado de enfrentar la piratería somalí a lidiar, entre 2023 y 2025, con misiles y drones lanzados por milicias hutíes desde Yemen. Esto ha obligado a muchas navieras a desviarse por el Cabo de Buena Esperanza en África. Como consecuencia, el tráfico por este estrecho cayó del 9% al 4% del comercio mundial, con tendencia a disminuir si las hostilidades persisten en apoyo a Irán.
Una segunda vertiente de riesgo son los conflictos bélicos tradicionales. La guerra en Ucrania tras la invasión de Rusia alteró el tránsito de granos y petróleo en el Mar Negro, subrayando el poder geopolítico de Turquía sobre el Bósforo y los Dardanelos. Simultáneamente, la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán genera turbulencias en el Golfo. Un escenario aún más crítico sería un choque entre Washington y Pekín por Taiwán, lo que podría desencadenar bloqueos similares a los de las guerras mundiales. Recientemente, un submarino estadounidense hundió una embarcación de guerra iraní, marcando el primer incidente de este tipo para la marina norteamericana desde 1945.
Impacto climático y geopolítica de los canales
El cambio climático también juega un rol determinante. Las sequías extremas han limitado la operatividad del Canal de Panamá, forzando a los buques a rodear el Cabo de Hornos. Por otro lado, el deshielo polar podría habilitar rutas en el Ártico, otorgando relevancia estratégica al Estrecho de Bering. Bajo esta lógica, Donald Trump ha mencionado la protección de rutas como argumento para sugerir el control del Canal de Panamá y de Groenlandia.
“Incluso si el Estrecho de Ormuz se reabriera de alguna manera, una docena de posibles puntos críticos para el comercio marítimo mundial estarán bajo un nuevo escrutinio.”
La relevancia de estos pasos es milenaria. En el siglo V a. C., la caída de los Dardanelos ante Esparta forzó la rendición de Atenas al quedarse sin suministros. En la era moderna, la geografía sigue siendo el factor dominante. Lugares como el Estrecho de Malaca y el Estrecho de Taiwán son vitales para las manufacturas de Asia. En Europa, los estrechos de Kattegat, Skagerrak y Öresund conectan el Báltico con el Mar del Norte, mientras que Gibraltar y el Canal de la Mancha siguen siendo indispensables.
Simulaciones y vulnerabilidad logística
Aunque Ormuz es crítico por ser la única salida del Golfo, el Estrecho de Malaca ostenta el título del punto con mayor tránsito de petróleo. Para medir el impacto de posibles cierres, un estudio de The Economist analizó rutas entre 41,387 pares de puertos. Los datos revelan que un bloqueo en el archipiélago de Indonesia obligaría a desvíos masivos, al igual que una interrupción en Gibraltar. La región de Oriente Medio, sin embargo, es la más inestable debido a su geología rica en hidrocarburos y una historia política convulsa que incluye el colapso otomano y el actual régimen clerical en Irán, que domina la costa norte de Ormuz desde 1979.
El dilema de China y la seguridad en el Pacífico
China enfrenta lo que el expresidente Hu Jintao denominó el “dilema de Malaca”, refiriéndose a que el 80% de sus importaciones energéticas dependen de ese paso. “Ciertas grandes potencias han intervenido sistemáticamente e intentado controlar las rutas marítimas en el estrecho”, señaló Hu en su momento. Bajo el mando de Xi Jinping, China ha fortalecido su marina para superar en número a la de Estados Unidos y ha fijado 2027 como meta para que sus fuerzas estén listas respecto a Taiwán, isla que produce el 90% de los chips avanzados del mundo.
Para reducir riesgos, Pekín invierte en la Iniciativa de la Franja y la Ruta, construyendo oleoductos en Rusia, Asia Central y Myanmar. Además, ha militarizado arrecifes en el Mar de China Meridional y establecido una base en Yibuti. Xu Yaoqiang, del Consejo de Electricidad de China, advirtió en el Diario del Pueblo que estas rutas son vulnerables y que el país debe “desarrollar capacidades de escolta en alta mar y apoyo de emergencia”.
Reconfiguraciones globales y costos económicos
En el resto del mundo, India se posiciona como un contrapeso a China con apoyo de Estados Unidos, mientras Rusia busca evadir sanciones mediante una “flota fantasma” que cruza aguas controladas por la OTAN. Por su parte, Turquía contempla el Canal de Estambul para aliviar el Bósforo, bajo la incertidumbre del Convenio de Montreux.
En América, el Canal de Panamá maneja el 40% del tráfico de contenedores de Estados Unidos. El presidente José Raúl Mulino ha tenido que gestionar tensiones políticas tras la presión estadounidense para desplazar empresas chinas de la operación de sus puertos. Ante estas crisis, el costo del transporte se ha disparado. Peter Sand, de la consultora Xeneta, informó de congestiones de hasta 30 km en Fujairah. Las tarifas de fletamento para petroleros grandes han subido de 90,000 a 230,000 dólares diarios.
Finalmente, la doctrina de Alfred Thayer Mahan sobre el dominio de los mares como clave del poder global enfrenta hoy el aislacionismo. Aunque la estrategia de Donald Trump menciona la libertad de navegación, su enfoque de “Estados Unidos primero” ha generado dudas. En una ocasión, refiriéndose a Ormuz, afirmó: “Nosotros no lo usamos. Ya saben, en algún momento se abrirá solo”. Esta postura pragmática pone en duda el futuro de la seguridad colectiva en las rutas marítimas más importantes del planeta.
Kch
