En un movimiento que sacude los cimientos de la política exterior en el hemisferio, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha oficializado este 1 de abril la eliminación de Delcy Rodríguez de su lista de sancionados. La medida, ejecutada a través de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), implica que la actual presidenta (E) de la República ya no está sujeta a las restricciones financieras y comerciales que pesaban sobre su figura desde el año 2018.
Tras figurar durante ocho años en la lista SDN (Specially Designated Nationals), Rodríguez recupera la capacidad de interactuar con el sistema financiero internacional bajo jurisdicción estadounidense. Esta decisión de Washington pone fin a un ciclo de bloqueos que se aplicaron inicialmente bajo el argumento de presionar por un «orden democrático» en el país, y ocurre en un momento de altísima actividad diplomática entre ambos países.
La desincorporación de la lista de la OFAC coincide con hitos que hemos analizado recientemente, como la reapertura de la embajada de EE. UU. en Caracas y el nuevo enfoque de seguridad regional que incluye a Venezuela dentro de la «Gran Norteamérica». Analistas sugieren que este levantamiento de sanciones personales es una «ficha de cambio» en las negociaciones de alto nivel que buscan estabilizar la región y garantizar un flujo energético seguro hacia el norte, especialmente tras confirmarse que el crudo venezolano ya se comercializa a precio de mercado completo.
Para el entorno político en Caracas, esta medida representa un respiro estratégico y una validación de los canales de diálogo directos con la administración Trump.
Mientras el secretario Marco Rubio mantiene una interlocución estrecha con la oposición, el Departamento del Tesoro envía una señal clara de distensión hacia figuras clave del Ejecutivo Nacional. Con este movimiento, se abre una nueva etapa de reconocimiento y operatividad técnica que promete acelerar los acuerdos políticos y económicos de cara al segundo trimestre de 2026.
Crítica24
