Esencialmente, a la gestación en el país de un agudo proceso hiperinflacionario, esto es, altas tasas de inflación mensual.
El comportamiento de los precios y el de la tasa de cambio son variables altamente conectadas. Una no puede explicarse sin considerar la otra. Tal correlación la validó la disciplina económica teórica y empíricamente.
Fijate: entre enero del 2019 y marzo del 2020, según datos del Banco Central, y asumiendo para abril una inflación de 80 %, los precios han aumentado 13.500 %; pero en ese lapso el dólar pasó de costar 3.300 Bs a unos 180.000 actualmente; quiere decir que la devaluación fué de 5.354 % ; en otras palabras, la inflación ha sido 152 % mayor que la depreciación del bolivar. Tal asimetría no es sostenible. Ya lo dijimos: son variables interconectadas. Luego, el bolivar va a seguir depreciandose, esto es, el dólar continuará encareciendose. Inevitable. Técnicamente se dice que el mercado busca su punto de equilibrio.
Ahora, ¿cuál es la vía que determina en concreto, en el caso Venezolano, la equivalencia entre la inflación y la tasa de cambio? La emisión inorgánica de dinero. Es decir, el gobierno sustenta sus gastos fiscales, no mediante el cobro de impuestos o de venta de petróleo, sino a través de simples autorizaciones electrónicas desde el Banco Central a la Banca Comercial y, de esta a los millones de beneficiarios de sus distintos programas sociales. Llegado esos recursos al ciudadano común este demanda bienes y servicios; luego, los ofertantes de estos bienes demandan dólares, demanda que choca ante una restringida oferta de verdes americanos, disparando hacia arriba el precio del dólar.

Pregunta:
¿entonces el dólar continuará subiendo de precio?

Mientras persistan los actuales desequilibrios económicos y las sanciones financieras impuestas sí.
A ver: si el País no cuenta con empresas que exporten bienes y servicios sin restricciones, que pueda acudir a los mercados de deuda a hacerse de divisas emitiendo títulos de deuda, que goze de estabilidad de precios, que cuente con Reservas internacionales líquidas que hagan frente a distorsiones coyunturales que pueda sufrir el mercado de activos externos, todo esto en un entorno de estabilidad macroeconómica, que a su vez es requisito indispensable para que haya crecimiento económico en un clima de estabilidad política y social; mientras la Nación no marche sobre esos rieles, no es posible que el precio del dólar se estabilice. Es imposible.

Pregunta:
¿Qué efectos tendrá sobre el venezolano de a pie?
Lo afectará; y mucho. La consecuencia más visible de todo proceso agudo de depreciación de una Tasa de Cambio es que pulveriza el poder de compra del salario. Es decir, los trabajadores compran cada vez menos bienes y servicios con lo que devengan en forma de ingresos por el trabajo realizado. Y otra maxima: se suceden aumentos de salarios con frecuencia, pero cada vez se adquieren menos bienes, esto por cuánto los precios de los bienes se incrementan a una tasa mayor que el aumento que sufren los sueldos. Resultado: cada vez nos empobrecemos más.

Pregunta :
Ud fué profesor de Política Agrícola de la Unellez, ¿cuál es su apreciación sobre la situación del sector agroalimentario venezolano?

Consumir 2.300 kcal/por habitante/año, que es lo que estableció el Instituto Nacional de Nutrición, exige que cada año los venezolanos debemos garantizar una oferta total de alimentos no elaborados de unos 30 millones de toneladas; este año, dado que el ciclo invierno prácticamente se perdió, siendo el responsable de cerca del 80 % de la producción total, estimamos que se producirán unos 5 millones de toneladas. El 17 %. El déficit es de 83 %. Nada retrata mejor a cuerpo entero la magnitud de la crisis alimentaria-nutricional que padecemos que tal circunstancia. Claro, agravado dicho déficit por lo que señalabamos anteriormente, en relación a la dificultades que se tiene respecto a la aguda escasez de divisas con que se cuenta, lo que impide que se hagan las importaciones necesarias para suplir las deficiencias de la producción interna.
En materia agrícola el País tiene que plantearse un programa para llevar la superficie a cosechar cada año a 4.500.000 hectáreas en un plazo no mayor a 10 años. Este año cosecharemos unas 650.000 hectáreas. Y de otro lado, instrumentar un vigoroso Plan de Ganancia en Productividad de al menos 3.5 % anual. Nuestra agricultura tiene un atraso tecnológico monumental, respecto incluso, a los países de la región. Esa brecha hay eliminarla. El objetivo es construir una agricultura competitiva económicamente, eficiente biológicamente y amigable con el ambiente. No tendremos como sociedad un futuro promisorio si fallamos en esto último. Todos, naranjas, blancos, rojos, azules y amarillos debemos jugar cuadro cerrado en lograrlo.