El deporte no todo el tiempo es jolgorio, aplausos al equipo ganador y chiflas al perdedor. En ocasiones se pasa de la gloria a la desgracia, cuando ocurren hechos inesperados, que pueden suceder en cualquier escenario del mundo, no importa la disciplina deportiva. Y un hecho esta naturaleza, que nadie quisiera que ocurriera su suscitó en el rectángulo de juego del legendario estadio Táchira de la Concordia, testigo de grandes hazañas deportivas, de corte nacional e internacional.

La eterna rivalidad deportiva dentro del béisbol menor entre la Asociación Tachirense de Béisbol y la Corporación Criollitos de Venezuela, seccional Táchira, es de vieja data, con altas y bajas, pero en buena lid han ido limando asperezas, para ser hoy en día una “sola familia”.

Y en aras de esta competencia deportiva del deporte de las cuatro esquinas, el desarrollo del Campeonato Estadal de Béisbol que desde hace un par de semanas entró en la recta final, desde la categoría Semillitas, los más chipilines, hasta el Juvenil AAA, todos tras el mismo objetivo, ir por el título.

Tarde de congoja

Apenas estaba comenzando el primer juego de la final del Campeonato Estadal, pactada a tres juegos para ganar dos, entre las novenas Escuela de Cordero y Latinos, novenas de la categoría Juvenil AAA, equipos parejos, pertenecientes a la Corporación Criollitos de Venezuela y la Asociación Tachirense de Béisbol, con la presencia de jugadores próximos a dar el gran salto al profesional.

David Santiago “Santi” Duque Ariza, quien apenas a los tres años ya estaban lanzando y bateando una pelota de béisbol, para poco a poco ir escalando categorías, no sin antes dejar claro que su amor por el béisbol no era cuestión de niño, sino que en el propio terreno, gracias a su seriedad y ganas de llegar lejos, lo puso de manifiesto.

Nelson Arellano, presidente de la Corporación Criollitos de Venezuela, Seccional Táchira y José Moreno, manager de la Escuela Cordero, donde cerraba filas “Santi”,  dijeron al periodista de todo el caudal que jugador que llevaba dentro este jovencito, quien iba a cursar el 5to año de bachillerato en el colegio Beata María de San José.

De una batalla deportiva que se esperaba de poder a poder, con la seguridad que iría a tres juegos para ganar dos, se pasó a lo inesperado, algo que no tiene razón de ser, menos si se trata de un joven beisbolista, estudiante, hermano e hijo, con un gran futuro en el plano intelectual y en lo deportivo.

Apenas se estaba abriendo el primer inning de los nueve pactados, en la tarde del pasado, con David Santiago Duque Ariza, como lanzador abridor por el equipo de Cordero, de la familia de los Criollitos. Al primer bateador lo ponchó, luego dio una base por bolas, después le conectaron un hit  y en el turno con el cuarto bate de la novena Latinos  del Centro Latino con dos hombres en circulación, sucedió lo inesperado.

Por primera vez en la historia del estadio Táchira, escenario donde se han jugado campeonatos de corte nacional e internacional en todas las categorías, lejos de sacar a los héroes a hombros como los toreros, en esta ocasión, un joven lanzador era auxiliado por compañeros y de uno y otro equipo ante el mortal pelotazo que recibió luego de un batazo que no pudo esquivar, la pelota fue a dar directo al pecho, partiéndole el corazón y apagando la existencia de una joven promesa del béisbol tachirense y nacional.

Moribundo fue sacado a la calle de la octava avenida, y una ambulancia que pasaba de casualidad por allí, fue llevado al hospital Central, donde llegó sin signos vitales de acuerdo a lo contado al periodista por el dirigente deportivo Nelson Arellano.

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