El reloj apenas marcaba los 7 minutos cuando el estadio estalló en un grito ensordecedor. Un centro envenenado provocó el infortunio de Damián Bobadilla, quien la metió en su propio arco. ¡1-0 y el SoFi era un manicomio! Estados Unidos, el coanfitrión, estaba ganando en casa ante Paraguay en el grupo D. El grito de gol fue cantado por casi todas las 77.000 personas que asistieron al estadio de Los Angeles.

Lejos de sacar el pie del acelerador, el seleccionado estadounidense olió sangre. Apareció la potencia de Folarin Balogun, quien estuvo intratable. El delantero facturó por duplicado con un hambre voraz, inflando las redes y estirando la ventaja para un país organizador que jugaba a ritmo de rock and roll.

En el complemento, Paraguay intentó reaccionar más por orgullo que por fútbol. Mauricio Magalhaes frotó la lámpara y clavó el descuento de la Albirroja. Se sintió un breve silencio de tensión en las tribunas, pero fue solo un espejismo. La versión de Paraguay fue desconocida, sin esa garra característica y regalando demasiadas licencias en el fondo.

Y cuando el partido ya moría y la gente celebraba en las gradas, llegó la obra de arte de la noche. Minuto 90. Giovanni Reyna recibió en el área, se perfiló y, con una clase descomunal, la cacheteó con la cara externa de su botín para clavarla en el ángulo. ¡Una definición formidable para ponerle la cereza al postre!

El 4-1 definitivo desató la locura total.

Lo que viene en el Grupo

Tras este debut de alto voltaje, los caminos se dividen con urgencias distintas:

  • Paraguay tendrá que lamerse las heridas y buscar una recuperación obligatoria ante la siempre durísima Turquía.
  • Estados Unidos llegará con el pecho inflado y la confianza por las nubes para chocar contra Australia.

¡Esto es el Mundial y recién empieza!

Colaboración: Aarón Ulacio M.