El sismo de magnitud 7.1 que sacudió Venezuela este 24 de junio de 2026 revivió el trauma colectivo de la nación, golpeando con particular severidad a sectores que, por su historia geológica y urbana, representan los puntos más vulnerables del país: Los Palos Grandes, Altamira y el Litoral Central.

Las primeras evaluaciones de campo y los testimonios recabados señalan una situación de alta complejidad en el este de Caracas, específicamente en las urbanizaciones de Los Palos Grandes y Altamira.

Estas zonas, caracterizadas por sus suelos sedimentarios que tienden a amplificar las ondas sísmicas, han vuelto a experimentar el desplome de fachadas y daños estructurales en edificaciones que evocan las imágenes del trágico 29 de julio de 1967.

El impacto no se limita a la capital. El Litoral Central, epicentro de gran parte de la memoria sísmica venezolana, reporta situaciones «alarmantes» tras el movimiento telúrico, cuya profundidad somera (menor a 30 km) maximizó la energía destructiva en superficie. Las autoridades, encabezadas por el ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello,  confirmaron el colapso parcial de varias estructuras y una situación de emergencia que moviliza a los cuerpos de seguridad en todo el eje que conecta a Carabobo —donde se situó el epicentro de uno de los dos sismos— con la Gran Caracas.

Vulnerabilidad histórica

La repetición de los daños en las mismas áreas de 1967 subraya la necesidad de una revisión exhaustiva de los protocolos de construcción y el mantenimiento de las edificaciones de media y alta densidad en los suelos de alta amplificación del valle de Caracas.

La  posibilidad de réplicas han mantenido a la población en espacios abiertos, reviviendo la desolación de los eventos telúricos que marcaron la historia urbana del siglo pasado.

El Gobierno ha instado a la ciudadanía a evitar el reingreso a edificaciones de altura hasta que las comisiones técnicas de Protección Civil culminen la evaluación de daños.

Mientras el país se mantiene en vilo, la recurrencia de los daños en los mismos puntos de hace casi seis décadas plantea un desafío urgente para el urbanismo y la seguridad industrial en la región central de Venezuela.

CRITICA24