El fútbol de élite no perdona la inocencia ni las desatenciones defensivas. En una noche que prometía ser histórica para el balompié norteamericano, la selección de Bélgica dictó una cátedra de contundencia y jerarquía internacional al golear 4-1 a Estados Unidos en los octavos de final.
Con la caída del conjunto de las barras y las estrellas, esta Copa del Mundo se queda oficialmente sin ninguno de sus anfitriones en el torneo.
El descalabro estadounidense cierra una dolorosa triple corona de eliminaciones para los países organizadores en las rondas de eliminación directa: Canadá fue la primera en despedirse al caer ante Marruecos, posteriormente México sufrió el mismo destino a manos de Inglaterra, y ahora Bélgica le ha puesto el clavo final al ataúd norteamericano al despachar a Estados Unidos ante su propio público.
Un torneo marcado por la geopolítica y la sombra de Donald Trump
Más allá de lo estrictamente deportivo, la participación de Estados Unidos y el desarrollo general del torneo han estado bajo una intensa lupa extrafutbolística. Esta Copa del Mundo se ha visto sacudida por las estrictas restricciones fronterizas de la administración de Donald Trump, provocando un caos de visados que afectó directamente la equidad del certamen.
La controversia más grande estalló desde el inicio con la exclusión del colegiado somalí Omar Artan, considerado el mejor árbitro de África, a quien las autoridades estadounidenses le negaron la entrada en Miami por supuestos motivos de seguridad nacional, dejando a la FIFA con las manos atadas.
A esto se sumaron las fuertes quejas de delegaciones como la de Irán, que denunció un trato hostil tras sufrir la revocación de visados para 15 miembros clave de su cuerpo técnico y verse obligados a concentrar en Tijuana, México, cruzando la frontera solo para jugar.
Las quejas sobre un presunto favoritismo arbitral y administrativo para que el conjunto local avanzara de la fase de grupos encendieron las redes, alimentando una narrativa de «Copa armada» que los críticos no tardaron en esgrimir tras los polémicos fallos en la primera ronda.
Sin embargo, toda la aparente «ayuda» del entorno se disolvió en cuanto rodó el balón frente a una potencia real.
El show de De Ketelaere y los errores locales
El encuentro comenzó con una Bélgica agresiva que no tardó en capitalizar los titubeos de la zaga local. Al minuto 9, el joven atacante Charles De Ketelaere abrió el marcador silenciando a las gradas tras firmar una gran jugada ofensiva.
Estados Unidos intentó reaccionar y encontró una luz de esperanza al minuto 31, cuando el mediocampista Malik Tillman ejecutó un tiro libre de manera magistral para poner el empate 1-1, devolviendo la euforia a Seattle. Sin embargo, la alegría estadounidense duró un suspiro; apenas dos minutos después, al 33′, un desajuste defensivo le permitió a De Ketelaere firmar su doblete personal y devolverle la ventaja a los europeos antes del descanso.
En la segunda mitad, la estocada definitiva llegó por un costoso error. Al minuto 57, un malentendido defensivo y una floja salida del arquero Matt Freese dejaron el arco desprotegido para que Hans Vanaken empujara el balón sin resistencia decretando el 3-1.
En el cierre del partido, ya en el tiempo de descuento (90+3′), el letal goleador Romelu Lukaku aprovechó un rechace defectuoso de Chris Richards para poner el definitivo 4-1 en el marcador, cerrando una noche para el olvido de la escuadra local.
Destino de ambas selecciones
Con este contundente triunfo, los dirigidos por Rudi Garcia avanzan a los cuartos de final de la Copa del Mundo por primera vez desde Rusia 2018. Su próximo examen será de máxima exigencia, ya que se medirán ante los vigentes campeones de Europa: España.
El sueño del anfitrión termina de forma abrupta en la misma instancia de siempre. El equipo de Mauricio Pochettino se despide del torneo dejando un vacío total para la afición local en lo que resta de la justa mundialista.
Colaboración: Aarón Ulacio M.
