El sol marabino de las cinco de la tarde no perdona, pero aquí, a escasos metros de la orilla, el viento que profesa desde el norte trae un alivio que los habitantes de esta tierra reconocen como un abrazo. Hoy las caminerías de la Vereda del Lago no solo huelen a salitre, a césped recién cortado y al dulce almíbar de los cepillados de cola con leche; hoy huelen a historia viva.
Exactamente un día como hoy, hace medio siglo, el rugido de las primeras dragas rompió la monotonía del oleaje. Comenzaban formalmente las titánicas obras de relleno y consolidación de lo que entonces se proyectaba como el ‘Paseo del Lago’.
Eran los primeros pasos de un plano sobre el papel que buscaba saldar una deuda histórica: devolverle a los marabinos el contacto directo con su estuario, una costa que el crecimiento urbano industrial les había ido arrebatando. Cincuenta años después, aquellas 65 hectáreas de barro y agua ganadas al fondo lacustre se han convertido en el pulmón verde, social y económico más importante de la capital zuliana.
Para conmemorar este hito, nos subimos a uno de los vagones rojos y amarillos del icónico Tranvía de Maracaibo, cuya Estación Central late en el corazón del parque. Mientras las ruedas avanzan lentamente por las vías internas y la brisa caribeña se cuela por los costados abiertos, nos acompaña Namik Torres, presidente del Servicio Desconcentrado Parque Vereda del Lago. Torres da la bienvenida a los pasajeros, transformando el paseo en una profunda retrospectiva histórica y una declaración de amor a la zulianidad:

«Bienvenidos, amigos. Tomen asiento frente a la inmensidad de este espejo de agua, el corazón mismo de nuestra identidad», arranca Torres con voz pausada pero firme. «Mucha gente desconoce la fecha exacta que conmemoramos hoy, porque en la memoria colectiva solo se habla de cuando el parque se inauguró con el nombre de Paseo del Lago el 18 de noviembre de 1978, o de cuando se refundó de la mano del alcalde Giancarlo Di Martino —luego de muchos años de abandono y de no ser tomado en cuenta— el 25 de septiembre de 2001, adoptando el nombre actual de Vereda del Lago. Por eso, este año es tan especial: no solo se cumplen 50 años de aquellos trabajos iniciales de ingeniería, sino también 25 años de un rescate profundo y de un compromiso adquirido que hoy se mantiene más vigente que nunca, bajo una visión de constante revisión y modernización”.
“Si me permiten, quiero que dejen de ver este lugar solo como un parque y empiecen a verlo como lo que realmente es: el último abrazo de Maracaibo con su Lago. Aquí, donde el concreto se rinde ante la brisa, encontramos la Vereda del Lago. Para el visitante, esto es un oasis de frescura bajo nuestro sol inclemente; para el marabino, es el punto de reencuentro. Aquí venimos a recordarnos quiénes somos. A diferencia de otros parques que se esconden tras murallas, la Vereda es abierta, franca, como nuestra gente. Es el lugar donde la ciudad, que a veces nos agobia con su ruido, finalmente baja la guardia», agregó.
El Tranvía avanza bordeando el imponente Paseo Escultórico de la Épica Naval Bicentenario y las remozadas torres de iluminación LED de 24 metros, un reflejo de las fuertes inversiones que la gestión actual ejecuta para devolverle el brillo nocturno al espacio. Torres extiende su mano, señalando hacia el este, donde la silueta del Puente General Rafael Urdaneta corta el cielo de la tarde.
«Observen el horizonte. Ese que ven ahí no es un lago cualquiera, es nuestra historia, nuestra fuente de energía y, sobre todo, nuestra alma. Poder caminar a escasos metros de su orilla, sentir el aire cargado de esa humedad tan nuestra, es un privilegio que no debemos dar por sentado. Este espacio es el puente que nos permite volver a mirar al Coquivacoa a los ojos. Ya sea al amanecer, cuando el agua parece una lámina de plata, o al atardecer, cuando el sol pinta el cielo de naranjas y violetas, la Vereda nos regala la paz que solo el agua puede ofrecer».
A través de las ventanas del Tranvía se despliega el mosaico humano y recreativo de la Vereda. Se ven las hectáreas de áreas verdes donde se concentran hasta 15,000 personas los fines de semana y se divisan los cerca de 80 locales comerciales. El parque ofrece atracciones listas para todas las edades, desde el frescor de su parque acuático, la adrenalina en la cancha de paintball, la velocidad en los go-karts y cuatrimotos, hasta la magia infantil de los castillos inflables y múltiples áreas recreativas dispuestas a lo largo y ancho del complejo.

«Es un laboratorio de vida», continúa el presidente del Servicio Desconcentrado, mientras el Tranvía aminora la marcha cerca de las canchas deportivas. «Vean a los atletas que desafían el calor, a las familias que crean memorias en sus jardines y a quienes, simplemente, buscan un momento de contemplación frente al puente. Cada paso que dan aquí es un ejercicio de pertenencia. En un mundo donde todo parece ir más rápido, este parque nos invita a detenernos, a respirar y a entender que nuestra conexión con este cuerpo de agua no es una elección, es parte de nuestro ADN. Disfruten este recorrido, siéntanse dueños de cada rincón, porque esta Vereda es, ante todo, el reflejo de nuestra resiliencia y nuestro eterno amor por esta tierra zuliana».

Justo en ese instante de reflexión, aprovechando la baja velocidad del vagón, un nutrido y enérgico grupo de corredores pertenecientes a Impulso Runners se acerca trotando a la par del Tranvía. Quien lidera el pelotón, José Peña, se adelanta con paso firme y toca amistosamente la puerta del vagón. Al abrirse el acceso, Peña, con el rostro sudoroso pero con una sonrisa franca, aprovecha la oportunidad para alzar la voz en nombre de su comunidad deportiva:
«¡Buenas tardes! Solo queríamos aprovechar para dar las gracias», expresa Peña con entusiasmo. «Agradecemos enormemente contar con espacios tan limpios y seguros como la Vereda. Para nosotros, este parque se ha convertido en nuestra casa; es el lugar que nos recibe con los brazos abiertos cada vez que venimos a entrenar como la gran familia que somos. Queremos invitar a todos los marabinos y visitantes a que se sumen a este espacio, ya sea para hacer actividad física o simplemente por el inmenso placer de contemplar el paisaje y crear recuerdos inolvidables». El grupo de corredores se despide entre aplausos mutuos y continúa su ruta bordeando la costa del lago.

El recorrido del Tranvía termina, pero el murmullo de la gente y el golpeteo de las olas contra el muro de contención continúan. Cincuenta años han pasado desde que este suelo era solo barro y promesas, y casi un cuarto de siglo desde su gran renacimiento.
Hoy, consolidada como el corazón de Maracaibo, la Vereda del Lago sigue demostrando que los mejores sueños de una ciudad son aquellos que se construyen, se rescatan y se defienden para el disfrute de su gente. Veremeos qué sorpresas y anuncios vienen con los 25 años de su reinauguración.
Colaboración: Sandy Ulacio
