El terremoto Cristiano sigue teniendo réplicas. Su sorpresiva marcha, a media tarde del miércoles, de la concentración de Portugal tras escuchar a su seleccionador decir en rueda de prensa, que «en este equipo, yo estoy al mando» y desvelar su plan de suplencias para el mito luso sigue haciendo ruido y dejando detalles sorprendentes.
En Portugal se da por hecho que esta marcha significa una retirada definitiva de Cristiano Ronaldo de la selección nacional. Fueron 23 años de Cristiano con la camiseta lusa, puso el nombre de Portugal en todos los rincones del mundo, le dio tres títulos a su país (Una Eurocopa y dos Nations Leagues) y este cierre triste y abrupto empaña de alguna forma su historia global con el equipo nacional.
Nadie esperaba que una historia de tanto éxito pudiese tener un final así. Lo que debería terminar con una fiesta tremenda en un partido de la selección portuguesa y con un gran homenaje acaba de esta manera fría y extraña cuyos detalles se siguen conociendo poco a poco.
Cristiano Ronaldo, que llegaba a Dinamarca con el resto del equipo, decidió después de escuchar las palabras de su seleccionador abandonar el estadio donde se preparaba para entrenar. Se fue al hotel, cogió la maleta y pidió que su avión privado, que estaba en Madrid, pusiera rumbo a Copenhague para recogerle.
El avión aterrizó en la capital danesa sobre las 22.15 de la noche (hora peninsular española) y volvió a despegar hacia Madrid a las 23.35 horas. Con Cristiano en el aparato, dejando atrás a sus compañeros, se ponía fin a la etapa de Ronaldo en la selección de Portugal. En tierra quedaban también dos protagonistas de la historia, que hicieron una última intentona de convencer al futbolista.
Jorge Jesus, seleccionador, y Pedro Proença, presidente de la federación, se fueron tras Cristiano al aeropuerto para intentar retenerle en Copenhague, junto al resto de los jugadores convocados. Pero pese a sus intentos, el gran capitán de Portugal no atendió a razones, se montó en el avión y les dejó plantados.
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