El Polideportivo de Maracaibo cumple hoy 54 años desde su inauguración el 17 de agosto de 1968, gracias a la iniciativa de Antonio Borjas Romero, quien era el rector de LUZ y se propuso conseguir un centro de entrenamiento para los deportistas de la ciudad. Entonces era considerada la ciudad deportiva más moderna e impresionante de todo Latinoamérica. La imponencia de todos sus estadios, los espacios y áreas a su alrededor dibujaban lo que hoy hubiese sido un gran emporio deportivo y comercial de no ser por los políticos, siempre los políticos que lo que tocan lo destruyen.

El motivo de la inauguración hecha por Raúl Leoni, presidente de Venezuela para aquel entonces, fueron los IV Juegos Nacionales. Las instalaciones del “Poli” la integran los estadios Luis Aparicio (béisbol), el gimnasio cubierto Pedro Elías Belisario Aponte (Baloncesto), el estadio olímpico José Encarnación “Pachencho” Romero (fútbol), así como el complejo de piscinas y estadios para la práctica del softbol y béisbol menor y una pista de bicicrós.

Los IV Juegos Nacionales fue el primer evento deportivo que se celebró en el “Poli”, según lo indicó el cronista deportivo Édgar “Pota” Zabala.  “El ‘Poli’ fue inaugurado con los Juegos Nacionales de Adultos y no con los Bolivarianos que se hicieron en el 70, donde se le hizo una reestructuración a las instalaciones deportivas. En ese entonces, los atletas fueron ubicados en San Francisco, en lo que se conoce ahora como Villa Bolivariana”.

Obras inmortales

Ciertamente, son inmortales. Se mantienen en pie por lo bien construidas y por el excelente material que usaron en su construcción, solo por eso. El mantenimiento ha sido el gran ausante, pero, reconozcamos un poco cada obra:

Estadio Luis Aparicio: Llamado el hermano gemelo del estadio Universitario de Caracas, aunque tienen sus notables diferencias, es una obra en concreto armado de gran magnitud. No solo contempla el estadio, la tribuna y los palcos, sino que, a su alrededor y dentro de su misma infraestructura se dispone un montón de otros espacios, oficinas, gimnasios, museo, entre otras áreas que hoy día, en su mayoría están en el abandono y desde hace ya mucho tiempo.

Su capacidad máxima es de 25.000 personas, aforo disminuido ahora con la colocación de sillas.

Posee ocho torres de iluminación de gran tamaño, que llegaron a ser de las mejores del país.

A pesar de lo viejo de la obra, ha sufrido algunas refacciones, pero más ha sido víctima del vandalismo y del robo que del mantenmiento y preservación de sus espacios.

Es el máximo estadio de béisbol del estado Zulia y es sede de las Águilas, equipo de gran arraigo cultural en la región.

Estadio José Encarnación Romero: Con su muy criticada nueva tribuna sur, se amplió su aforo a casi 41 mil aficionados. Se dispusieron sillas en toda la tribuna. El estadio recibió una gran remodelación en su tribuna popular. Su sitema de iluminación llegó a ser el mejor del país en estadios de fútbol.

Por si fuera poco, este estadio era el propio estadio olímpico, pues, no solo contó con la pista de tartán o pista olímpica para atletismo, sino que tenía un velódromo que fue terriblemente demolido cuando se hicieron las refacciones para la Copa América del 2007. Un acto de aberración arquitectónica al más alto nivel.

El estadio posee las dimensiones de un campo de fútbol de mayores. Ha recibido ene cantidad de inversión, pero la misma se la ha tragado la desidia, la dejadez y la ausencia absoluta de mantenimiento al punto tal que llegó a un estado de abandono y deterioro jamás antes visto.

Hoy, nuevamente es sometido a trabajos profundos de remodelación una vez que tocó fondo, cuyos trabajos no marchan precisamente a paso de vencedores, pero que sin dudas debería devolverle al Zulia un estadio de primer nivel. Ojalá lo terminen, lo reinauguren y no se repita la historia del «gallo pelón» que a la vuelta de poco tiempo vuelva de nuevo a tocar fondo.

Gimnasio Cubierto Pedro Elías Belisario Aponte: Es una joya arquitectónica. Su diseño es único en el país y en Latinoamérica y, pese a no ser de un tamaño tan grande como otros similares de sus mismas características, llegó a ser uno de los más agradables y mejores coliseos de baloncesto y voleibol del país.

Fue sede una vez de un Suramericano y fue entones cuando mostró su merjor rostro. Contaba con un sistema de aire acondicionado central que, para asistir a los juegos, había que llevarse chaqueta. También ha recibido inversiones que la misma desidia de sus vecinos se han tragado y hoy, a pesar de ser sede de uno de los equipos de la Superliga Profesional de Baloncesto (SPB) muestra un rostro deplorable, principalmente a las afueras.

Complejo de Piscinas: Con todas las dimensiones y características para el olimpismo mundial, las piscinas del Polideportivo de Maracaibo llegaron a albergar varios juegos importantes, entre ellos los Centroamericanos y del Caribe de 1998, donde mostraron sus mejores condiciones. La piscina olímpica y la fosa de clavado tienen todas las características de un complejo para la práctica de alto rendimiento, sin embargo, su estado actual es de ruina total.

Pudiera decirse que, de todo el complejo, es el espacio que en peores condiciones se encuentra. Es tierra de nadie y sin dolientes. Hasta excremento humano se exhibe en sus espacios, sin mencionar el basurero en el que se ha convertido la fosa de clavado. Una verdadera lástima que una infraestructura de tal magnitud esté en tales condiciones.

Cancha de Fútbol Sala Néstor Quiróz Es quizá el más nuevo de los escenarios, pero, su destino no es muy distinto al de sus viejos vecinos. Principalmente las áreas de acceso y los alrededores sencillamente dan miedo. Cualquiera se toma allí una foto y puede fácilmente decir que estaba en el Tapón del Darién.

Accesos, plazas, estacionamientos y áreas externas: Cuenta con suficiente espacio como para ofrecer grandes atractivos y convertirse en lugar de esparcimiento, recreación, deporte y hasta comercio en la ciudad, pero las imágenes hablan por sí solas. Lo deplorable de sus condiciones dan ganas de llorar. Las áreas de estacionamiento están bajo la maleza y la basura. Las plazas y máquinas de ejercicio yacen allí en ruinas. El área de taquilla del estadio de béisbol se la traga el monte y la dejadez y hasta la plaza de Luis Aparicio Ortega exhibe un monte que denota abandono.

En octubre comienza la temporada de Béisbol Profesional. Entonces veremos en septiembre al Gobierno -nacional o regional- dándosela de héroes y anunciando con bombos y platillos la remodelación, limpieza y reacondicionamiento de todas las áreas, para que después que finalice la temporada, volver a abandonarlo a su suerte. Ha sido la historia eterna de estos 54 años.

El mismo cuento

Hablar de las razones para tanta dejadez ya cansa y fastidia, porque todo el mundo las conoce: Es un tema de «POLÍTICA». y de los políticos. Son ellos los únicos responsables de esta situación. Solo medio invierten cuando hay algún evento y luego se les olvida el espacio. Son prestos a colocar vallas con sus rostros y tomarse fotos anunciando la «gran refacción» de las obras como si se tratara de una proeza, cuando es «SU TRABAJO Y SU DEBER» hacerlo y no solo en temporada, sino todo el año, todos los años.

No permiten que la empresa privada obtenga la administración, ni siquiera de manera conjunta para con ello garantizar al menos el mantenimiento mínimo de los espacios. Se empeñan en seguir siendo ellos -el Estado- el que administre las instalaciones y el que hace usufructo de las mismas sin que ello se revierta en la inversión necesaria.

Además, han usado las obras -en detrimento de ellas mismas y de la ciudad- como fuente de «guerra sucia» para desacreditar gestiones gubernamentales regionales. Las obras han pasado a manos del Gobierno regional, luego se las quitan cuando los oficialistas pierden las elecciones y pasan a manos del Gobierno nacional y en cualquiera de los casos el resultado es el mismo, un vergonzoso estado deplorable y doloroso que muestra la verdad desnuda de lo que son como políticos y como gestores del bien público.

Mal pudiéramos decir «Feliz Cumpleaños» al Polideportivo, sino más bien hacer una campaña intensiva y agresiva de servicio público solicitando apoyo a un enfermo moribundo.

NAM/Ernesto Ríos/Fotos: Ernesto Ríos