El Barça volvió a tomar el hilo de la Liga, un torneo de garantías últimamente para los azulgranas, después de perder el tren de la Champions, que se ha convertido en una obsesión culé desde el último éxito alcanzado en 2015. El equipo de Flick ha ganado los 17 partidos del campeonato español que ha disputado en el Camp Nou. La última victoria ha sido contra el Celta después de un partido muy esforzado y condicionado por la lesión de Lamine. El 10 se lesionó después de forzar y transformar el penalti que dio la victoria al Barcelona. A la espera del parte médico, puede que el extremo no llegue a tiempo para el clásico del día 10 y quién sabe si reaparecerá antes de que se acabe la Liga.

Aunque nunca han sido un equipo especulador ni calculador, los barcelonistas se aplicaron en la gestión del gol de Lamine ante un rival muy intimidador por su excelente despliegue futbolístico como es el Celta. Mantener el colchón de nueve puntos sobre el Madrid a falta de seis jornadas para acabar el campeonato permite relativizar de alguna manera la dolencia de Lamine antes de enfrentarse al Getafe y Osasuna y aguardar al clásico del Camp Nou.

No hay tregua en los partidos que enfrentan al Barça y al Celta por la vocación ofensiva de Flick y Giráldez. El arranque del último fue de vértigo porque a los 48 segundos ya se habían sucedido dos ocasiones: Lamine remató al exterior del palo izquierdo de Radu y Joan García rechazó con una soberbia intervención un disparo de Pablo Durán. El intercambio de golpes, sin embargo, duró muy poco porque el Celta no tardó en negar al Barcelona.

Los azulgranas no sabían estar ni competir sin la pelota, muy permeables por los costados y vulnerables en los pases profundos a espalda de los centrales, y cuando tenían el balón no encontraban espacios para el juego interior, demasiado encimados los delanteros sobre los zagueros dispuestos por Giráldez. Los barcelonistas no ajustaban bien las distancias, muy diseminados en la cancha, y no encontraban tampoco la manera de controlar el encuentro por las imprecisiones en el pase, muy pendientes de Lamine. La suerte azulgrana quedó a expensas del desequilibrio del 10.

Y Lamine resolvió cuando el Celta atacaba y defendía mucho mejor que el Barça en una noche muy desagradable por la ventisca que barría el Camp Nou. El extremo se apoyó en Olmo para encarar a Lago y forzar un penalti para alivio de la hinchada del Barça. Lamine chutó fuerte, raso y cruzado desde los once metros para asegurar el tiro y batir a Radu. La pierna se contracturó por el impacto y el delantero se venció, sin celebrar el gol, sustituido por Roony después de que Balde ya hubiera salido por el también lesionado Cancelo. El juego se paró un buen rato tras la retirada de Lamine para que los servicios médicos pudieran atender a un aficionado en las gradas del estadio.

El Barça había quedado impactado por la caída de Lamine y el Celta vio interrumpida su excelente actuación con el 1-0. Flick intervino en el descanso con un tercer cambio decisivo: Fermín sustituyó a un desacertado Gavi. Los azulgranas alargaron sus posesiones, pasaron a gobernar la contienda y por momentos sometieron al Celta. La línea del fuera de juego anuló por centímetros un gol de volea de Ferran después de un toque magistral de Pedri en el mejor momento del Barça. La jugada despertó al Celta. Giraldez cargó el ataque con Aspas y Borja Iglesias y los azulgranas se tuvieron que aplicar en la conservación del cuero, en gestionar el tiempo y en no conceder oportunidades, consciente de que la Liga se gana cada jornada hasta contar 38. El ejercicio de responsabilidad azulgrana acabó por validar el gol que se fabricó y marcó Lamine.

Elpaís