La lógica hacía indicar que se iba a ver un encuentro aburrido y sin gracia, teniendo en cuenta que venían de caer ante España y Argentina, respectivamente. Pero, por suerte para el espectador neutral, acabó sucediendo exactamente lo contrario, ya que Francia e Inglaterra le regalaron al mundo del fútbol uno de esos partidos locos que serán recordados para siempre y que dejó diez goles en 90 minutos (4-6).

El Hard Rock Stadium de Miami acogió uno de esos partidos que nadie quiere disputar, como es el del tercer y cuarto puesto. Sin embargo, la obligación estaba ahí y tanto Francia como Inglaterra saltaron al terreno de juego con el objetivo de cerrar el Mundial con buen sabor de boca.

Hubo rotaciones, como es lógico, pero esa situación no iba a impedir que se viera un mal partido. Al contrario. Y, en ese sentido, el que empezó con algo más de ganas fue Inglaterra. La derrota frente a Argentina en semifinales había herido el orgullo de los Three Lions y Declan Rice fue uno de los primeros en rebelarse.

El centrocampista del Arsenal se encontró con una situación favorable al borde del área, levantó la cabeza y fusiló a Mike Maignan con un tiro que el guardameta del Milan ni leyó ni estuvo cerca de parar.

Los de Thomas Tuchel empezaron de maravilla el encuentro. Se pusieron 0-1 en el 3′ de partido y el que pasó a atacar algo más fue Francia, que no paró de buscar a Mbappé a la contra. Sin embargo, el ariete del Real Madrid no encontró los espacios que quería y el resultado no se movió.

Y dado que Francia no fue capaz de empatar, Inglaterra aprovechó para seguir haciendo daño cada vez que recuperaba el balón. Y en una de esas acciones ofensivas, Ezri Konsa aprovechó un centro preciso de Rice desde el córner izquierdo, cabeceó para dentro el envío de su compañero y Maignan hizo la estatua.

El 0-2 en menos de 20 minutos reflejó, por lo visto en el campo, que el que más interés tenía en acabar el Mundial con buen sabor de boca era, efectivamente, Inglaterra. Los pupilos de Didier Deschamps no estaban a lo que celebraban y eso se notó sobre el terreno de juego.

Se llegó a la primera pausa de hidratación y el enfado de Deschamps, que estaba disputando su último partido como seleccionador francés, era más que evidente. Y, tras ese breve parón, se vio a un equipo algo más implicado que quería recortar diferencias. Pero no hizo lo suficiente e Inglaterra siguió ganando con comodidad.

Y como no hubo reacción gala, Inglaterra olió la sangre y aprovechó la dejadez de ‘Les Bleus’ para anotar el 0-3 y dejar más encarrilado, si cabe, el encuentro, en esta ocasión por medio de Bukayo Saka, que aprovechó una jugada algo loca que generó Rashford para marcar su gol. Pero el extremo del Arsenal tenía ganas de más y todavía tuvo tiempo para batir a Maignan otra vez. El rodillo inglés estaba siendo tremendo y así se llegó al descanso.

Francia sacó la casta

Consciente de la mala primera parte que había hecho Francia, Didier Deschamps decidió mover el banquillo a lo bestia y, tras el paso por vestuarios, hizo un cuádruple cambio y dejó en la caseta a los futbolistas que peor habían rendido en el primer acto.

El rapapolvo del técnico de Bayona al descanso pareció surtir efecto. Francia salió con otra actitud y, a los tres minutos de la reanudación, Mbappé envió al fondo de las mallas un buen pase de Olise desde la derecha. El astro de Bondy anotó su noveno gol del torneo y animó a los suyos.

El astro de Bondy anotó su noveno gol del torneo y animó a los suyos en busca de una remontada que, por lo visto en la primera mitad, parecía imposible. Pero Francia era un equipo completamente distinto y en el 54′ llegó el 2-4, que fue obra de Bradley Barcola, que había sustituido a Doué al descanso.

El encuentro había dado un giro de 180 grados, era un correcalles brutal y la sensación era que, si Tuchel no cambiaba nada, la remontada gala era más que posible. Mbappé quería más y en el 66′ llegó el 3-4. Sin embargo, ese entusiasmo galo fue neutralizado por Tuchel y en el 86′, cuando todo el mundo soñaba con una prórroga, Saka se encargó de marcar su particular hat-trick desde los once metros y dejar en anécdota el intento de remontada de Francia.

Ahí parecía que se acababa definitivamente el partido. Pero no. El destino todavía tenía reservados dos goles más. El cuarto de Francia y el sexto de Inglaterra para dar por cerrada una auténtica fiesta.

Agencias